Perfil | Portavoz Nacional del BNG
Ana Pontón: Ortodoxia de rostro amable
Su círculo en el partido destaca su capacidad de trabajo y su conocimiento de la actividad parlamentaria, unas carácterísticas que la convierten en «la candidata ideal» a la Xunta
«Es la decisión más lógica. A nadie le ha sorprendido este paso adelante». La llegada de Ana Pontón (1977) pretende ser un bálsamo para un partido que se enfrentará en este 2016 a un reto tan grande como su misma supervivencia. La sarriana es un intento de equilibrio entre lo que es el BNG y lo que quiere ser en el futuro más próximo. Pese a que es una representante de la ortodoxia más pura del nacionalismo —no en vano es la primera portavoz nacional militante del sector dominante, la Unión do Povo Galego—, también es una muestra de la apertura a la sociedad que necesita su partido.
Pontón es un rostro joven —no llega a los 40 años— que, al mismo tiempo, tiene una dilatada experiencia parlamentaria. Empezó su militancia en su localidad natal, un origen rural del que su entorno más próximo apunta que presume siempre que puede. «Se siente muy orgullosa de venir de una familia humilde y labriega. Se caracteriza por defender lo suyo y no renunciar nunca a su identidad», recalcan.
Llegó a la capital gallega a estudiar Ciencias Políticas, con lo que ello suponía. Venía con el carnet izquierdista de casa, y la facultad era el caldo de cultivo para que su activismo político creciese. Entró en los Comités, el sindicato estudiantil hegemónico entre el nacionalismo, y fue ganando peso en las juventudes del BNG hasta llegar a ser la secretaria de organización y número dos del actual líder del partido en Santiago, Rubén Cela. Desde ese puesto se recorrieron la Comunidad en autobús, la experiencia le hizo aumentar su notoriedad y empezar a darse a conocer hasta que consiguió escaño y empezó a fajarse en la batalla dialéctica hasta llegar a ser portavoz parlamentaria tras la dimisión del cargo de Carlos Aymerich.
De Pontón, su círculo en el partido destaca su capacidad de trabajo y su conocimiento de la actividad parlamentaria, unas carácterísticas que la convierten en «la candidata ideal» a la Xunta. También sus habilidades sociales, de «tender puentes, escuchar y generar empatía, que de eso el BNG no ha estado sobrado en los últimos años y las va a necesitar en los próximos».
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