París puede ser muchas cosas. No es algo nuevo, al contrario, es algo muy evidente tanto para aquellos que han estado allí como para los que no. Desde películas a obras de arte, de literatura, pasando por historias de amor reales o fantásticas... todo ello ha tenido millones de veces esta capital europea como protagonista.
Pero si hay algo que la ciudad parisina conserva siempre, siempre, sea cual sea la orientación que demos a nuestro viaje allí, es su encanto. Por eso hemos querido tomar esta característica tan suya con una de sus versiones: la del París más «chic» y de lujo. Sumerjámonos en todo lo que sus calles, más o menos conocidas, pueden aportarnos.
Joyas en forma de tiendas
Comenzamos por el alojamiento y el imponente hotel «Le Meurice». Lo elegimos tanto por su ubicación como por su historia: está en la rue de Rivoli desde 1835 y justo frente a los jardines de las Tullerías, desde los que podemos contemplar maravillosas puestas de sol con la Torre Eiffel como parte de un fantástico paisaje. Las paredes de este hotel han visto cómo pasaban por él grandes personalidades de la talla de Salvador Dalí, quien eligió una de sus suites un mes al año durante tres décadas. Es más, también albergó al Rey Alfonso XIII, Los Duques de Windsor o el Sha de Persia.
Otra pequeña maravilla para hospedarnos en París es el hotel «Particuler». Es una verdadera joya que no podría estar ubicada en ningún otro sitio que no fuera el barrio de los pintores, Montmartre. Cuesta encontrarlo, está en el «passage de Rocher-de-la-Sorcière», y solo cuenta con cinco suites ideadas como si fueran parte de una casa particular. Su decoración ha corrido a cargo de su propietaria, Morgane Rousseau, que ha dotado a cada rincón de este hotel de un toque que puede definirse a la perfección como barroco, íntimo y hasta de corte romántico. Todas las habitaciones dan a un precioso y cuidado jardín que no hace sino incrementar la magia que rodea a este barrio parisino.
Una vez ya tenemos donde dormir, comenzamos nuestros puntos clave para conocer un poco más el lujo parisino de la mano de sus tiendas, más o menos conocidas, intentando buscar la originalidad, y sus centros comerciales.
Hasta para un detalle tan normal como pueden ser las velas, París tiene encanto. «Cire Trudon» (78, rue de Seine, 6) es la prueba de ello ya que, además, ostenta el título de ser la cerería más antigua del mundo. Hay de todos los tamaños, olores, precios y formas pero cada una de las piezas que vas a encontrar en esta tienda cuenta con el prestigio de contar con la mano de Ramdane Touhami, su director artístico.
Comer con originalidad
Centrémonos en una costumbre francesa: regalar flores. En esto también cuentan con tiendas emblemáticas tales como «Moulié» (8, place du Palais-Bourbon, 7), que suministra a los ministerios, y embajadas entre otros.
Pero si lo que estamos buscando son las grandes firmas francesas, Chanel, Dior, o Yves Saint Laurent, y otras internacionales (Gucci o Valentino, por citar solo algunas) es fundamental pasar por la rue «Faubourg St Honoré», que alberga buena parte del glamour de esta ciudad. Hay que dedicarle un cuidado tiempo para admirar sus cuidadas tienas, su alta costura, y sus escaparates, que no defraudan. Comparten protagonismo con ella las avenidas de François-Ier, Montaigne y Royale, donde podremos visitar firmas como Chloé o Hermés.
Tampoco hay que pasar por alto las tiendas de joyas de la plaza Vendôme y si queremos unir lo antiguo con un toque de distinción, no hay que dejar de visitar «Pierre Barboza» (356, rue Saint-Honoré) donde podremos encontrar joyas antiguas como tal y también algunas que han sido actualizadas con un toque actual.
Es una pequeña selección de lugares a los que poder acudir para hacer compras con encanto, opciones a las que se suma dos de los centros comerciales que no podemos pasar por alto: «Bon Marché» (Rive Gauche) y, por su puesto, las famosísimas galerías «Lafayette».
Por último, varias recomendaciones para comer. «Carré des Feuillants» (14 Rue de Castiglione) es siempre una buena opción para degustar los sabores del suroeste de Francia, no hay que dejar de probar el «carré» de cordero de los Pirineos al horno o sus codornices de granja con trufas.
Por su puesto no hay que perder de vista las tradicionales «brasseries» o «bistrós», pero tampoco hay que desaprovechar nuevos espacios como «Senderens» (9 Place de la Madeleine), donde podremos descubrir sabores tradicionales reinventados.