La Ley de Memoria pactada con Bildu olvida a los arrepentidos asesinados por ETA
La iniciativa del Gobierno y sus socios servirá para recordar a etarras como Lasa y Zabala, pero no a otros represaliados de la propia banda por desmarcarse de ella
Editorial | La memoria selectiva de Bildu con la propia ETA

La Ley de Memoria Democrática, aprobada la semana pasada en el Congreso, pretende revisar no sólo el franquismo, sino también la Transición y hasta los inicios de la democracia en España. Incluso el primer Gobierno socialista de Felipe González, ya que Bildu ha conseguido ... que el alcance de esta polémica ley se extienda hasta 1983 para incluir en ella el asesinato por parte de los GAL de los etarras Lasa y Zabala a finales de ese año.
De hecho, los herederos políticos de ETA han logrado que el Palacio de la Cumbre de San Sebastián, donde ambos fueron torturados, se convierta en un «espacio de memoria», como presumía Bildu tras arrancar ese compromiso al Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Sin embargo, el texto y el contexto que ha impuesto Bildu para apoyar esta iniciativa ni siquiera mencionan no ya los cientos de crímenes cometidos en esos años de plomo por ETA, pese a que fueron la principal amenaza para la Transición y la democracia en nuestro país. También deja fuera a otros miembros de la banda terrorista que, a diferencia de Lasa y Zabala, fueron asesinados por la propia ETA en represalia por desmarcarse de la violencia.
Delante de su familia
Es el caso de Mikel Solaun, asesinado el 4 de febrero de 1984 en un bar de Getxo junto a su familia. ETA reivindicó este crimen para dejar claro que se trataba de una venganza contra un «traidor», ya que Solaun frustró un atentado en 1981 contra una casa cuartel de la Guardia Civil en esa localidad vizcaína, en cuya construcción trabajaba como ingeniero.
En un principio, Solaun se prestó a participar en dicho atentado, pero en el último momento se arrepintió y avisó por teléfono. Las fuerzas del orden pudieron así evitar una masacre, pues ETA pretendía volar el edificio el día de la inauguración, a la que asistirían numerosas personas y autoridades.
Solaun fue detenido y condenado a cuatro años de cárcel, donde otros presos de ETA le propinaron palizas. Quedó en libertad poco después con medidas de protección. A los tres años de frustrar aquel atentado, los etarras Juan Manuel Píriz y Juan Manuel González le estaban esperando en ese bar de Getxo para destrozarle el cráneo con un disparo por la espalda delante de su mujer y sus dos hijos.
«Vengo a ejecutarte»
Otra de las represaliadas por ETA fue Dolores González Catarain, alias 'Yoyes', que había sido destacada dirigente de la banda y de las primeras en abandonarla. Huyó a México en 1979 y no regresó a España hasta finales de 1985, tras beneficiarse de la Ley de Amnistía de 1977. La misma que pone en solfa la norma aprobada ahora por el Gobierno y sus socios, incluidos los bildutarras.
Yoyes llevaba apenas unos meses en su localidad natal, Ordizia (Guipúzcoa), cuando José Antonio López Ruiz, alias 'Kubati', la sorprendió mientras paseaba con su hijo de tres años. Kubati se acercó a ella y le dijo «soy de ETA y vengo a ejecutarte» antes de pegarle tres tiros y rematarla en el suelo con otro disparo en la cabeza.
Tanto ETA como su entorno político, entonces bajo las siglas de Herri Batasuna (HB) –precedente de Bildu–, emprendieron una campaña contra Yoyes para justificar su asesinato tildándola de «traidora y chivata». Hoy Kubati pilota las relaciones de los presos de ETA con el Ministerio del Interior, como reveló un informe de la Guardia Civil que trascendió el pasado mes de febrero y del que informó ABC.
El asesino de Yoyes se dedica ahora a manejar organizaciones a favor de los etarras que siguen en la cárcel, como Sare o Etxerat, en sus contactos continuos y directos con Instituciones Penitenciarias.
«Fueron Pakito y Apala»
Tampoco parece que la Ley de Memoria Democrática vaya a servir para esclarecer quién y cómo hizo desaparecer a Eduardo Moreno, alias 'Pertur'. Este dirigente de ETA durante el franquismo y la Transición desapareció a mediados de 1976.
Tras la muerte de Franco, Pertur defendía ya que ETA «no tiene que practicar la lucha armada», como afirmaba a principios de ese año en documentos internos. La banda secuestró en marzo al industrial Ángel Berazadi, ante lo que Pertur apostaba por aceptar el rescate y dejarle en libertad, pero la cúpula etarra le asesinó en abril.
Tres meses después, en julio de 1976, Pertur desaparecía en el sur de Francia, donde fue visto por última vez junto a los jefes de ETA Francisco Múgica Garmendia y Miguel Ángel Apalategui, alias ‘Pakito’ y ‘Apala’, respectivamente. Los mismos que impusieron la decisión de asesinar al industrial vasco, padre de seis hijos, en contra del criterio de Pertur.
Su misteriosa desaparición no permitió aclarar con certeza quién y cómo la llevó a cabo. Las dos teorías más probables apuntan a la propia ETA o grupos de extrema derecha, aunque la primera parece cada vez más verosímil. La que fuera novia de Pertur, Lourdes Auzmendi, así lo viene manteniendo desde hace años: «Fueron Pakito y Apala», aseguraba en 2008 cuando declaró como testigo en la Audiencia Nacional para esclarecer esta desaparición.
La causa fue archivada en 2012 ante la imposibilidad de concretar los culpables. La familia y la exnovia de Pertur llevan desde entonces reclamando la colaboración de cualquiera que sepa algo al respecto.
En la nueva ley de Memoria caben Lasa y Zabala, pero no los «traidores» de ETA, como su entorno político y social sigue considerando a Yoyes, Solaun o Pertur porque evitaron atentados y renunciaron a las armas en un tiempo que el Gobierno y Bildu pretenden reescribir a su medida.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete