Luis Caramés Vieitez | Catedrático de Economía en la USC
«La mala gestión de los políticos no debería cargarse sobre las costillas de los ciudadanos»
Impulsor del grupo de debate Manuel Colmeiro, el profesor atiende a ABC para hacer un repaso de los principales desafíos de la economía gallega

Apenas pasado el mediodía, el catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Santiago de Compostela, Luis Caramés, recibe a ABC para analizar los principales desafíos que enfrenta la sociedad gallega a corto y largo plazo, así como la incidencia de la situación política en el panorama económico. Al entrar en su despacho, lamenta el cansancio provocado por un viaje a Madrid, que le obligó a peregrinar por los aeropuertos gallegos, toda una declaración de intenciones.
—Ha habido cierta polémica por la creación del Grupo Manuel Colmeiro por su coexistencia con el Foro Económico de Galicia. ¿No hay espacio para dos lugares donde se fomente el debate?
—Unos días somos un país que casi no conoce fronteras y otros somos tan estrechos que no contemplamos que haya dos grupos de gente que se dedique a pensar. Muchos de nosotros fuimos miembros, somos amigos de miembros y no tenemos afán de monopolio. Creo que el debate y la variedad enriquece y no tenemos afán de monopolio, pero esto es como el mercado: uno tiende a estar más cómodo si no tiene competidores. Si hay alguna polémica me parecería completamente infantil. Nosotros somos un grupo con formaciones diversas, pero complementarias, que queremos reflexionar sobre cuestiones de largo alcance y coyunturales que creemos que se pueden llevar al terreno del debate para enriquecer el conocimiento de la sociedad, especialmente cuando tiene que votar.
—¿Se ha vuelto más importante desde el ámbito académico o la sociedad civil influir en la política?
«El dinero no se caracteriza por su valentía. Si la situación es inestable o se espera que lo sea, es lógico que las inversiones queden en el aire»
—No sé si será tanto eso como que vivimos en un tiempo en el que cuando opines con criterio puedes ser útil. Actualmente la sociedad es bastante iconoclasta, ya que no cree demasiado en ídolos, aunque hayan surgido algunos de modo coyuntural, y convivimos con un desprestigio de la política muy fuerte. Si bien esto es por méritos propios de la política, quizá el someter los temas importantes a debate va a dar una información que no se obtiene propiamente de la política. Como tenemos unos ciclos electorales tan cortos, el político tiene como objetivo ser reelegido, con lo que no tiene tiempo para plantear soluciones que puedan poner en riesgo estos resultados.
—¿Percibe una desconexión de los políticos con la realidad?
—Ellos dicen que no, porque usted obviamente puede verlos por ahí en el avión o tomando algo. Pero hay una tendencia, como en muchos sectores profesionales, a rodearse de un círculo estrecho y aislado. Ellos tienen un hábitat en el que se encuentran a gusto, pero con pocos contactos en el exterior. La forma de elección de nuestros representantes, en los que el diputado no tiene que rendir cuentas a su distrito, influye en que se olvide un poco de él hasta que llega la campaña electoral.
—¿La inestabilidad política en la que podría caer España en los próximos meses incidirá en la economía?
—Los mercados no se distinguen por su valentía, algo que por otra parte es lógico. Entonces, si hay inestabilidad o sospechas de inestabilidad, es posible que los que iban a llegar no lleguen, o que los que están se vayan. Por tanto, lo aconsejable es que estas situaciones duren lo menos posible. Otra cuestión es el resultado electoral, la orientación del gobierno resultante y las posibilidades de que este sea duradero. Lo estamos viendo en Portugal.
—¿Y cuáles son los principales problemas que enfrentan la sociedad y la economía gallega?
«La sociedad ha salido muy herida, pero hay efectos secundarios interesantes como el de las empresas que han aprendido a salir fuera»
—Eso sería casi un programa de gobierno (risas). Nosotros nos conformamos con escoger algunos y trabajar sobre ellos. Si quiere que le destaque alguno de los que enfrentaremos inmediatamente puedo decirle que creo que la estructura productiva de Galicia no se ha modernizado lo suficiente o que hay problemas gravísimos con la demografía que debemos atajar.
La sociedad ha salido muy herida de la crisis, pero esta también ha tenido algún efecto secundario interesante y que ha servido de oportunidad. Muchas empresas han aprendido a salir fuera, han podido ver que se trabajaba bien y que había oportunidades.
—Como experto en Hacienda Pública, ¿en este contexto es necesario subir o bajar los impuestos?
—En España somos los campeones de las reformas. Cada ministro no solo tiene una, sino que tiene a varios rivales dispuestos a derogársela para implementar la suya. En materia fiscal, debemos tener en cuenta que los impuestos son el principal sustento de las cuentas públicas, por lo que no se deberían dar saltos en el vacío que comprometiesen el día a día de los servicios. Con todo, creo que venimos de un período de crisis que se cargó mucho del ajuste en las rentas del trabajo. Por ello, igual que las empresas con mayor productividad deberían subir salarios, el sector público debería reorganizar la imposición para reducir la carga en las rentas del trabajo. Esto serviría tanto para crear empleo como para animar la demanda interna. Seguramente son sinceros cuando dicen que no quedaba más remedio que hacer esto, ya que la situación era muy mala, pero llama mucho la atención que un gobierno conservador haya subido tanto los impuestos. Hay que moderar mucho los tributos y legitimarlos bien con un gasto ordenado.
—A eso íbamos. Cuando una administración se tiene que ajustar el cinturón, ¿el sacrificio debe hacerlo por la vía del gasto, o pasárselo al ciudadano por la vía de los impuestos?
«El ciudadano debe ser menos cortoplacista. Si le suben los impuestos se enfada, pero si nos financiamos con deuda, se maquilla el coste»
—Hay que repartirlo. El Estado tiene una maquinaria burocrática pesada que debería dimensionarse mejor, modernizarse y reformarse la administración del modo adecuado. Después es importante hacer inversiones moderadas, que no sean redundantes y nos ahorren costes a través de deuda. Los políticos deberían saber que gobernar no es solo gastar, sino también organizar, aunque reorganizar supone encontrar resistencias. La mala gestión no debería suponer un sobrecoste que cargar en las costillas del ciudadano.
También las personas deberían ser menos cortoplacistas. Tendemos a querer lo instantáneo, sin importarnos si la factura la van a tener que pagar nuestros hijos o nietos. La deuda tiene un gran contenido de ilusión fiscal. Si a usted le aumentan los impuestos se enfada, pero la deuda no la percibe de modo inmediato, así que sirve para minimizar la sensación de coste.
—Sobre balanzas fiscales, la semana pasada entrevistábamos a Xavier Vence y nos decía que, analizando por flujo monetario, Galicia no resulta ser una Comunidad beneficiaria, sino que aporta unos 1.200 millones al año más de los que recibe.
—Mire, voy a ser absolutamente radical en esta cuestión. Hay tantas metodologías, tantos condicionantes y tanta ideología que lo mejor con las balanzas fiscales es no hacerlas. En cualquier caso, no comparto su visión.
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