Hay mucha gente dispuesta a jugarse la vida en un viaje espacial. A finales de febrero, el multimillonario estadounidense Dennis Tito, que en 2001 pagó 20 millones de dólares a Rusia por visitar la Estación Espacial Internacional (ISS), anunció que quiere mandar a dos personas a Marte dentro de cinco años. No aterrizarían; sobrevolarían el planeta y volverían a casa. Pero, aún así, serían 501 días de viaje en un espacio reducido, sin comodidades y en ingravidez. Pues bien, a pesar de todo eso, hay candidatos de sobra. "Hemos recibido ya toneladas de solicitudes", reconocía hace unos días Jane Poynter, presidenta de Paragon Space Development Corporation, una de las compañías que colaboran con la Fundación Inspiración Marte, creada por Tito.
En tiempos del programa Apollo, parecía que Marte estaba a la vuelta de la esquina. Así, en 1962, Arthur C. Clarke situaba la colonización de los planetas en 2000. El novelista y divulgador recordaba hace doce años, en 'Reader's Digest', lo obvio: "Nadie puede predecir el futuro". Y aprovechaba para reírse de algunas de sus meteduras de pata en el campo de la futurología espacial. "En 1971, predije el primer aterrizaje para Marte en 1994, y ahora tendremos suerte si llegamos en 2010. Por otro lado, en 1951 pensé que estaba siendo demasiado optimista al sugerir una misión a la Luna para 1978. Neil Armstrong y Buzz Aldrin me ganaron por casi una década". Tras los alunizajes, Marte se alejó en el horizonte, pero volvió a acercarse después del 11-S, con el anuncio de George W. Bush de que un estadounidense pisaría el planeta rojo hacia 2020, un proyecto truncado por el estallido de la crisis financiera.
¿1.000 millones de dolares?
Poner un pie en Marte costaría un montón de dinero. Construir la ISS, que está a solo unos 400 kilómetros, ha exigido un esfuerzo multinacional superior a los 100.000 millones de dólares. Marte está muchísimo más lejos, a una media de 78 millones de kilómetros. En 2002, se calculaba que el presupuesto de la primera misión tripulada al planeta rojo podría rondar los 240.000 millones de dólares, con el añadido de que ir, tocar y volver sería una estupidez. Una vez allí, lo lógico sería instalar un puesto permanente de exploración. Igual han nacido ya los humanos que vivan algo así; pero, vistas las prioridades políticas, parece difícil de creer.
El proyecto de Tito es ambicioso, pero no tanto. Los astronautas serán solo dos, frente a la media docena que se ha manejado en planes anteriores; se aprovechará una ventana de lanzamiento que, en enero de 2018, reducirá el viaje a 501 días, en vez de casi tres años; se usarán naves que ya existen, aunque habrá que modificarlas mucho; la calidad del agua y el aire será inferior a la exigida por la NASA en sus naves; y no habrá aterrizaje en destino. Con estos recortes, el magnate asegura que la aventura costará entre 1.000 y 2.500 millones de dólares; esta última cantidad es el presupuesto de la misión 'Curiosity'.
Recreación de la nave 'Dragon' con el habitáculo inflable, rumbo a Marte.
Los estudios preliminares de la Fundación Inspiración Marte incluyen el uso de la cápsula 'Dragon' de la compañía SpaceX. Es una nave muy pequeña; con un espacio útil del tamaño de un aseo. Como en las 'Soyuz' y en las 'Apollo', los astronautas irían encogidos. Apenas tendrían espacio para estirar los brazos. Además, habría que instalar en ella todos los sistemas de soporte vital, y reservar sitio para las provisiones y los aparatos de gimnasia indispensables para que los tripulantes se mantengan en forma. De ahí que Tito y sus colaboradores quieran modificarla para que, entre otras cosas, una vez en rumbo a Marte, se sume al espacio útil un habitáculo inflable que se desprendería antes de la reentrada en la atmósfera terrestre.
La 'Dragon' es una nave de carga que no ha sido todavía homologada para vuelos tripulados y, aunque puede que pronto transporte astronautas entre la Tierra y la ISS, viajar hasta Marte es otra cosa. El tiempo corre y, teniendo en cuenta que el despegue debe tener lugar el 5 de enero de 2018, sorprende que hace un par de meses un portavoz de Space X dijera a la revista 'Forbes' que no sabían nada de los planes de Tito. Y eso que sería de esperar que, dados los plazos, ya estuvieran trabajando en equipar la nave con sistemas de regeneración de agua y aire, además de protección contra la radiación, y en el habitáculo inflable, que por ahroa no es más que un boceto.
¡Encerrados y aislados!
Dennis Tito, feliz, flotando en la Estación Espacial Internacional en 2001. / Reuters.
En una aventura así, tan importante como la tecnología, es el factor humano. Tampoco en este aspecto están las cosas claras. El equipo de Tito se inclina porque los viajeros sean una pareja casada -hay que guardar las formas-, porque pasarán casi año y medio encerrados en un espacio muy reducido. "En condiciones como éstas, debes tener un colega que sea también un compañero de algún tipo o, de lo contrario, la presión será demasiado grande. Creemos que un matrimonio sería ideal, pero no hemos descartado personas que no sean pareja", ha explicado a National Geographic el primer ejecutivo de Paragon Space Development Corporation, Taber MacCallum.
Elija la persona con la que mejor crea que puede llevarse, ¿se encerraría con ella en una habitación durante 501 días, sabiendo que no hay posibilidad de escape? El psicológico, y no el tecnológico, es para muchos el gran reto de una misión como ésta. Entre ellos, para Luis Ruiz de Gopegui, director de los programas de la NASA en España entre 1984 y 1994. "Tú encierra a tres personas, sean científicos o no, en una habitación durante meses... Es algo que no se puede simular", advertía en 2002, cuando se hablaba de un posible asalto a Marte en una nave con un espacio útil equiparable al de un piso de 150 o 200 metros cuadrados.
Además, las incomodidades serán muchas. Habrá poco espacio, la comida no será para echar cohetes, la ingravidez obligará a los astronautas a ejercitarse intensamente para evitar pérdidas de masa ósea y muscular... "Es una misión espartana", ha reconocido Tito en 'Space.com'. Y siempre puede darse una urgencia médica o registrarse una fuerte erupción solar, con el consiguiente riesgo de que el escudo sea insuficiente y los astronautas resulten afectados por una radiación que puede propiciar la aparición de cánceres y alzhéimer.
La nueva frontera
"Como viaje de descubrimiento humano, sería el más importante en la historia de nuestra especie. El estudio de viabilidad demuestra que es posible y la mayor parte de la tecnología ya existe. Es muy incómodo, pero factible", aseguraba Anu Ojha, director de la Academia Nacional del Espacio Reino Unido, a 'The Guardian'. Añadía una de las claves para entender los beneficios de una misión así, en la que se sobrevolará Marte a 160 kilómetros de altura, cuando ya tenemos robots en la superficie: "El retorno científico en términos de conocimiento de Marte será mínimo, pero lo que aprendamos de fisiología humana hará que se reescriban los libros de texto".
¿Será capaz Tito de convencer a grandes inversores para que apoyen un proyecto que la propia NASA ve con buenos ojos y en el que colabora? No habrá que esperar mucho para comprobarlo. Ya hay voluntarios para embarcarse hacia Marte, aunque todavía no se haya abierto el plazo de presentación de solicitudes. Que el viaje sea incómodo y se desarrolle en el entorno más hostil posible, el espacio interplanetario, forma parte de la aventura humana, que comenzó cuando nuestros antepasados bajaron de los árboles en África hace unos 5 millones de años. ¿Es caro? Sí, aunque, si costara 2.500 millones de dólares, sería menos de un 5% del dinero que ha exigido el rescate de la banca española y el equivalente a la construcción de doce campos como el nuevo San Mamés. Nada más.
Si la nave de la Fundación Inspiración Marte no despega en enero de 2018, no habrá otra oportunidad similar de acortar el viaje de ida y vuelta a al planeta a 501 días hasta 2031. ¡Ojalá haya suerte!