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Desde tiempo inmemorial existe una línea férrea llamada Madrid-Cádiz en la que los pasajeros tenían los mismo derechos desde la salida hasta la llegada. Pero llegó el AVE (o las autonomías) y empezaron las discriminaciones (o un nuevo centralismo). En media distancia, para viajar entre Cádiz y Córdoba hay que apearse en Sevilla durante media hora para luego volver a tomar el mismo convoy. No cuento lo que supone ir a Jaén o recorrer Andalucía de oeste a este.
Para rematar la faena ADIF decide que la de Cádiz sea la única estación cuya reforma se tenga que pagar con plusvalías de terrenos colindantes. Creo que ya está bien de tratarnos a los gaditanos como españoles de segunda clase.
Javier González del Tánago Barrera Cádiz