La mitad de Portugal ha ardido en 40 años
Demoledora medición oficial tras la terrible ola de incendios en la parte continental del país vecino
La Asociación Portuguesa de Ciencia de Datos para el Bien Social difunde un dato estremecedor sobre los incendios que arrasan cada verano el país vecino con tanta intensidad, o más, que en España: han ardido cuatro millones de hectáreas en el Portugal continental a lo largo de los últimos 40 años.
La cifra en sí misma resulta suficientemente demoledora, pero mucho más si tenemos en cuenta que representa el equivalente a la mitad del territorio, exceptuando los archipiélagos de Madeira y Azores.
La franja estudiada va de 1980 a 2021, es decir, 41 años exactamente. «Se quemó demasiado terreno», afirma Nadia Basos, la científica que ha dirigido la investigación.
Según su análisis, los años 2003 y 2017 se erigieron en los más virulentos en este sentido, por delante de este 2022 que les va a la zaga por poco.
De hecho, el Instituto Portugués para la Conservación de la Naturaleza y los Bosques certifica que se han perdido ya 50.000 hectáreas este verano, más que en todo el año pasado.
Concretamente, la medición coordinada por la citada experta de origen ucraniano indica que se ha chamuscado el equivalente al equivalente al 55% del área completa del Portugal del continente y el número de hectáreas asciende a 4.858.330.
Ha de tenerse en cuenta que la superficie afectada incluye áreas sin arder y, en cambio, otras que se han quemado varias veces, pero el conjunto es ese.
Hasta ahora, la mayor medición a largo plazo era la del Instituto Portugués para la Conservación de la Naturaleza y los Bosques, con 1,4 millones de hectáreas en 20 años.
La situación causada por la acción de las llamas ha sido tan grave en Portugal en las últimas semanas que se declaraba un incendio cada 10 minutos, una frecuencia más que alarmante.
El estado de contingencia se tuvo que ampliar y no había rincón del país vecino fuera de peligro. La franja más castigada, en los alrededores de Leiria, vio cómo el fuego que parecía extinguido se reactivaba.
Así las cosas, el combate de la población y de los cuerpos de salvamento se complicaba cada vez más, una situación que hoy se ha estabilizado.
Con todo, el balance es que se han quemado viviendas, además de tierras, y varios hombres de mediana edad fueron detenidos como sospechosos de provocar fuegos. Esa es una de las claves de esta plaga.
La sensación de apocalipsis se ha venido adueñando del Portugal profundo, tal ha llegado a ser la violencia de las llamas. «El fuego me rodeaba por delante y detrás», decía Fernando Agostinho llorando ante las cámaras de televisión.
«Esto parece el fin del mundo», añadió Adelino Rodrigues como testigo de que el panorama dantesco se extendía de norte a sur por tierras lusitanas. Suyo fue el terrible testimonio que llegaba desde Leiria, una de las zonas más afectadas: «Ardía todo. Si las casas no se quemaron, fue porque la gente no dudó en defenderlas». Allí fueron evacuadas decenas de aldeas, con la gente desesperada al marcharse y dejar su hogar sin saber qué ocurriría después.
Mientras los portugueses sufren en carne propia desde hace semanas, el primer ministro, Antonio Costa, solo desliza vaguedades en sus palabras al respecto, lo cual exaspera al ciudadano de a pie. Por ejemplo, señaló: «Es momento de corregir algunos fallos estructurales».
Para empezar, eran él y su gabinete quienes debían haber atajado los problemas que fueran. Pero resulta obvio que el Gobierno socialista no ha sabido dar respuestas.
Mientras el dinero público para tapar el parche de la aerolínea bandera, TAP, ascendía a 900 millones de euros, solo se destinaron 52 para mejorar el combate al fuego. Así lo ha denunciado un economista en una cadena de televisión.
Por eso, los habitantes ya están hartos de discursos vacíos y Costa se lleva la palma de las críticas en este contexto, en el que decenas de personas lo han perdido todo ante la más absoluta impotencia.
El pánico se apoderaba de la población y, en pocos días, la situación dio un vuelco en toda regla: cada vez mayor virulencia del fuego y con unas temperaturas que superaron los 43 grados en determinadas zonas.
El viento quemaba la cara y a nadie puede extrañar que los peores fantasmas del año mortífero de 2017 vuelvan en toda su intensidad, el año en que murieron 66 personas en la tragedia de Pedrógao Grande.
Hasta el Algarve muestra sus heridas, y eso que es una zona abierta al mar, donde el frescor del aire suele reinar… menos este mes de julio, que parecía una suerte de calima incesante.
Incluso Protección Civil, que no daba abasto, mostraba sin tapujos que el cuerpo se hallaba desbordado y lanzaba alegatos contra el Ejecutivo socialista, como pudo comprobarse a mitad de esta semana en una cadena de televisión.