visita del papa a Sri lanka y filipinas

Alerta máxima en la nueva visita del Papa a Asia por amenazas yihadistas

El máximo mando militar define el viaje del Santo Padre como la «mayor pesadilla de seguridad» de las autoridades

Alerta máxima en la nueva visita del Papa a Asia por amenazas yihadistas efe

pablo m. díez

Apenas cinco meses después de su multitudinaria visita a Corea del Sur, el Papa Francisco vuelve a Asia, el superpoblado continente donde las religiones se juegan buena parte de su futuro en la captación de fieles. Desde este martes, el Sumo Pontífice inicia su nuevo viaje a Oriente en Sri Lanka, un país en el que ya recaló san Juan Pablo II en 1995 pero donde los cristianos siguen siendo una minoría que solo engloba al 7 por ciento de sus 20 millones de habitantes. Frente a ellos, el 70 por ciento son budistas, el 13 por ciento hinduistas y el 10 por ciento restante musulmanes.

Precisamente, esta diversidad es la que ha llevado al Santo Padre a elegir su capital, Colombo, para celebrar con un monje budista un diálogo interreligioso, tan necesario tras el salvaje ataque islamista de París. Ante quienes matan en nombre de Alá, Sri Lanka esgrime su violento pasado, regado de sangre por la guerra civil que desataron los Tigres Tamiles durante 26 años hasta que, finalmente, fueron derrotados en 2009.

Tras su paso por esta isla del Océano Indico, el Papa llegará el jueves a Filipinas, donde se dará un baño de masas al ser la nación más católica de Asia. Al igual que ya hicieran con Pablo VI en 1970 y con san Juan Pablo II en 1981 y 1995, los filipinos se volcarán con su visita porque ya suponen el 60 por ciento de todos los católicos de Asia. Como sus predecesores sufrieron sendos atentados fallidos en Filipinas, las autoridades han movilizado a 37.000 policías y militares para garantizar la seguridad de Francisco. Durante su visita, el país estará en máxima alerta por las amenazas de los grupos radicales leales al Estado Islámico que operan en las regiones musulmanas al sur del archipiélago, sobre todo en la isla de Mindanao. Entre ellos destacan la guerrilla de Abu Sayyaf, que antes actuaba bajo la órbita de Jemaah Islamiyah (la rama de Al Qaida en el Sudeste Asiático), y los Luchadores de la Libertad Islámicos de Bangsamoro, que se escindieron del Frente Moro de Liberación Nacional tras firmar la paz con el Gobierno.

Muy gráficamente, el comandante Gregorio Catapang Jr., máximo mando militar, definió la visita del Papa como la “mayor pesadilla de seguridad” de las autoridades, según informó Al Jazeera.

Además de ser recibido por el presidente Aquino, apoyar a las familias y oficiar una misa en el parque Rizal de Manila que será multitudinaria, Francisco volará hasta Tacloban, en la isla de Leyte, para recordar a las más de 7.000 víctimas que dejó el devastador tifón “Yolanda” (“Haiyan”) en noviembre de 2013. Mostrándoles todo su apoyo, el Santo Padre se reunirá con una treintena de supervivientes e inaugurará un centro con su nombre para atender a los pobres en la ciudad de Palo, cerca de Tacloban, la “zona cero” de aquel supertifón.

Uno de los momentos más emotivos

Por ese motivo, uno de los momentos más emotivos de esta visita tendrá lugar en la monumental Catedral de Palo, donde se vinieron abajo algunos de sus muros y la cubierta de su crucero poco después de una espectacular renovación que costó 35 millones de pesos (657.000 euros), recogidos mediante donativos. A unos pocos kilómetros de allí, en medio de una plantación de palmerales que fueron arrasados por “Yolanda”, parecía que había caído una bomba sobre la residencia del arzobispo, que sufrió graves derrumbes.

Cuando el tifón golpeó las islas del centro de Filipinas, muchos de sus habitantes buscaron refugio en las iglesias, auténticos ejes de la vida social en un país donde el 80 por ciento de sus casi 100 millones de habitantes son católicos. Mientras en Tacloban se inundaba el principal centro de evacuados, el polideportivo Astrodome, la parroquia de los Redentores resistía sin sufrir daños los vientos huracanados del tifón. Tras perder sus casas bajo las aguas o voladas por el aire, allí se cobijaron unas 320 familias – 1.700 personas – en busca de un refugio que resultó ser milagroso. Con cajas, maletas y tiendas de campaña desperdigadas entre sus bancos, imágenes religiosas y confesionarios, reconvertidos en armarios, los damnificados hicieron durante meses su vida cotidiana dentro del templo: comiendo, vistiendo a sus hijos, lavando la ropa y hasta durmiendo a pierna suelta donde pillaban.

Peor parada salió la cercana iglesia del Santo Niño, donde se siguieron oficiando misas pese a que el tifón se llevó sus tejados. Aunque el agua se colaba a mares cada vez que llovía, los fieles desafiaban la fuerza de la Naturaleza escuchando la homilía bajo sus paraguas. Una poderosa imagen llena de simbolismo que resumía a la perfección el carácter de los filipinos. Mientras en otros lugares del mundo se veía a “Yolanda” como un castigo divino que arruinaba la vida en este paupérrimo país, sus damnificados recurrían a la fe para superar la tragedia y salir fortalecidos y unidos en medio de una ola de solidaridad tan fuerte como el tifón. Más de un año después, los filipinos ven cumplidas sus plegarias con la visita del Papa Francisco.

En defensa de los cristianos perseguidos

Para compensar que Benedicto XVI jamás pudo pisar Asia, el Papa Francisco regresa poco después de su primera visita a este continente, evangelizado hace cinco siglos por san Francisco Javier. Este segundo viaje del Pontífice a Oriente demuestra el interés creciente del Vaticano por una parte del mundo de mayoría budista y donde millones de cristianos son perseguidos, ya sea por regímenes autoritarios como el norcoreano o por la intolerancia de los islamistas radicales en Filipinas o Indonesia.

En China, que no tiene relaciones diplomáticas con el Vaticano, los fieles se encuentran divididos entre los que pertenecen a la Asociación Católica Patriótica, que está controlada por el régimen y suma unos doce millones de miembros, y los de la iglesia clandestina, que solo juran fidelidad al Papa y son varios millones más. Aunque muchos compaginan ambos cultos, los leales al Vaticano celebran misas a escondidas y guardan el máximo secreto para evitar la represión.

Desde que en 1951, justo después de ganar la guerra civil, Mao Zedong expulsara al nuncio y a los misioneros cristianos, la tensión ha sido latente entre Pekín y la Santa Sede. Gracias a la apertura de China, en los últimos años ha habido un acercamiento, pero los principales escollos siguen siendo el nombramiento de obispos y el reconocimiento vaticano de Taiwán, la isla que permanece separada del régimen desde el final de la contienda porque allí se exilió el derrotado Gobierno del Kuomintang. Lo mismo ocurre en Vietnam, que es otro de los países con más católicos de Asia junto a Corea del Sur y Filipinas.

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