Arte
Juan Miguel Sánchez, mucho más que los frescos de Santa Teresa o el palio de los Negritos
El autor de la decoración de la parroquia donde ha estado el Gran Poder fue un excelente cartelista y dominó la técnica de la pintura mural como nadie en Sevilla en el siglo XX
Decir que el artista plástico Juan Miguel Sánchez fue un adelantado a su tiempo es corroborar la impresión que causan sus frescos en la parroquia de Santa Teresa , donde hasta hoy preside el Señor del Gran Poder la misión evangelizadora de 2021. ... Sesenta años después de que los pintara, la obra de Juan Miguel ha resultado ser un redescubrimiento para millares de sevillanos que sólo la habían contemplado de forma vicaria en las fotografías en blanco y negro de las misiones generales en 1965 .
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En el mundillo cofradiero, Juan Miguel Sánchez Fernández (El Puerto de Santa María, 1900 - Sevilla, 1973) se asocia inmediatamente con su creación más espectacular, el palio de la Virgen de los Ángeles de la hermandad de los Negritos , de la que fue hermano y director artístico desde 1952.
Los bordados del manto (1961), el palio en sí (1964) y la corona (1970) salieron de su magín creativo con un estilo sugerente e inédito de muy difícil encuadre en ninguna corriente o estilo concreto.
Pero la dimensión artística de Juan Miguel Sánchez va mucho más allá de esta contribución a las artes suntuarias cofradieras. Con ocasión de su muerte, Manuel Olmedo escribía en ABC el 31 de julio de 1973: «Múltiples son las sugestiones que nos brinda la obra de Juan Miguel, rica en valores pictóricos y cromáticos, de una gran fuerza representativa , e impregnada de poesía que se injerta en la propia sustancia pictórica». Y remataba su nota necrológica: «Artista de este tiempo que nunca renegó del pasado , levantó su obra sobre una base inconmovible, común a todas las arquitecturas pictóricas, y empleó un lenguaje claro, limpio y preciso , reflejo de una nítida vida interior».
Discípulo notable de Gustavo Bacarisas , Juan Miguel Sánchez buscó hacer carrera en Sevilla , a donde se trasladó en la década de los veinte del siglo pasado. Concretamente, a una pequeña casa en Triana donde ejerció el oficio de ceramista mientras estudiaba por libre en la Escuela de Artes y Oficios , donde tuvo por maestros a Virgilio Mattoni y a Gonzalo Bilbao . Toda esa rica tradición pictórica resumida en nombres tan sonoros del arte hispalense cuajó en su obra.
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Pronto se decantó por el cartel, en boga en aquellos años de entreguerras. En 1926, gana por unanimidad el concurso de la revista Blanco y Negro , editada por Prensa Española, para sus portadas con una obra titulada ' Primavera en Sevilla' . Y en septiembre de 1928, el poeta Muñoz San Román glosaba así su carrera, ilustrada con una reproducción de su 'Joven sevillana' de nítida inspiración fauvista: «No a pasos, sino a vuelos asciende a las alturas de la popularidad el peregrino artista andaluz Juan Miguel Sánchez».
No era para menos: en 1925 había ganado el concurs o para el cartel de fiestas primaverales, en 1926 la tercera medalla en la sección de arte decorativo de la Exposición Nacional de Bellas Artes por 'Aurora sevillana' y en 1929 el cartel de la Exposición General Española , que abarcaba los certámenes de Sevilla y Barcelona.
Siguió escalando las cimas del cartelismo con sus propuestas para fiestas de primavera de 1929 ('Palomas de la Giralda') y, sobre todo, de 1931 con 'Luz y gracia de Sevilla' , una de las cumbres indiscutibles del género. Volvería a obtener premios en 1941 y 1944 . La colección de reconocimientos siguió con las exposiciones nacionales de Bellas Artes: segundo premio en 1945 por el retrato del Doctor Urra y primera medalla en 1948 por su lienzo 'La lección de los seises' que hoy cuelga en el Museo de Artes y Costumbres Populares.
Su desbordante creatividad no se limitó a la pintura de caballete. Junto al abogado Manuel Gómez Moreno fundó la sociedad Sánchez-Gómez , especializada en diseño de interiores de establecimientos comerciales y así redecoraron un buen puñado de locales, empezando por el bar Plata de la calle Laraña , que regentaba un hermano de Juan Miguel. La galería Velázquez , la fachada del Banco Vitalicio en la Plaza Nueva, el salón de actos del edificio de Radio Nacional en la calle San Pedro Mártir , la farmacia nueva de la calle Francos, la horchatería Fillol en la avenida de la Constitución o los almacenes Íñiguez de la calle Tetuán conocieron su mano.
Pero fue en la pintura mural al fresco donde descolló con luz propia con cuatro muestras que se sucedieron en el tiempo en un 'crescendo' sostenido tanto en la originalidad del planteamiento cuanto en la ejecución. El propio Juan Miguel defendía esta técnica: «Como bien dice el profesor Doerner, ninguna técnica se presta tanto como esta para las creaciones pictóricas del pensamiento moderno ».
La serie de grandes frescos se inaugura con la decoración del vestíbulo de la estación de autobuses del Prado en 1941 . Ocho grandes frescos de tres metros de altura conteniendo escenas costumbristas y paisajes andaluces idealizados inspirados en el constructivismo de Vázquez Díaz . En 1946 decora el ábside de la parroquia de la barriada cordobesa de la Electromecánica donde presenta a un Cristo resucitado, acompañado por la Virgen, San Juan y los arcángeles San Gabriel y San Rafael.
En 1949 pinta una alegoría eucarística en el coro de la iglesia desacralizada de San Luis de los Franceses que para nada desmerece de los frescos ochocentistas de Lucas Valdés y Domingo Martínez . En 1953 se encarga de decorar la capilla de la Virgen del Carmen en la barriada Elcano , levantada por Astilleros. Se trata de una obra imponente que ocupa todo el presbiterio: 9 metros de largo por 4,65 de altura en los laterales y 6,15 en el centro en la que se observa una deuda con el estilo de Vázquez Díaz en el 'Poema del Descubrimiento ' para el monasterio de la Rábida, al decir del profesor y pintor Juan Palomo-Reina . Seis años después, en 1955, decora el vestíbulo del edificio Elcano en la avenida de las Razas con paneles alegóricos de Castilla y América.
Al año siguiente, se encarga de los murales de la capilla de la Real Maestranza de Caballería, donde plasma alegorías marianas, criaturas angélicas, una escena de la batalla de Lepanto y otra de caballeros sevillanos revistados por San Fernando además de diversa heráldica de la Casa Real en el que contó con la ayuda de su discípulo Francisco Maireles y asesoramiento teológico y heráldico, respectivamente, del canónigo hispalense José Sebastián y Bandarán y del caballero maestrante Miguel Angel Rojas y Solís , según recoge el profesor Antonio de la Banda y Vargas en la semblanza de Juan Miguel Sánchez.
Así llegó hasta su obra mural culminante, la parroquia de Santa Teresa en 1961. «Los frescos de esta iglesia, de distintos tamaños y formas, ocupan catorce paramentos interiores creando un espacio pictórico exuberante, lleno de elementos decorativos y ricas imágenes que son el resultado de un exhaustivo proyecto mural», a decir de Juan Palomo-Reina, que las ha estudiado detenidamente en 2020.
La limitada paleta cromática que exhiben los murales obedece a una estudiada simplificación del color en proporción inversa al tamaño de la obra. El resultado evoca la estética cubista, en opinión de Enrique Valdivieso , el constructivismo y algunas obras futuristas . Según Palomo-Reina, la obra de Santa Teresa refleja el 'horror vacui' del artista, «que se manifiesta en una espacio profusamente decorado, sin apenas zonas vacías, dominando sus composiciones una atmósfera exuberante, muy propia, por otro lado, de la pintura y la escultura del Barroco sevillano».
La iconografía presenta a Santa Teresa en el momento de su transverberación , esto es, la transfixión mística narrada por la propia santa andariega sobre cómo le atravesaba el alma «un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego» que, al sacarlo, «me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios ».
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