Artículos

Complejo deportivo

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El reciente cambio del estadio del Osasuna, antes llamado Sadar y ahora Reyno de Navarra, me ha llevado a reflexionar sobre las curiosidades que rodean a los nombres de los estadios. El ejemplo navarro nos sirve para descubrir como las marcas publicitarias son las que mandan. Basta darse un paseo por los estadios del Mundial para comprobarlo (Allianz Arena o Veltins Arena por poner dos ejemplos).

En España siempre tuvo mucho éxito la fórmula de utilizar los nombres de los presidentes. Ocurre en Madrid sin ir más lejos con el Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón o el Teresa Rivero. En el País Vasco son más peculiares. Nunca supe si San Mamés fue realmente un santo y si el antiguo campo de la Real se llamaba Atocha en homenaje al entrenador galés que tuvieron los donostiarras. Por lo de Mendizorroza, mejor ni me pregunten. Pero también hubo equipos que perdieron la identidad de su estadio como el Valencia, antes Luis Casanova y ahora Mestalla. Personajes ilustres de sus ciudades dejaron sus nombres para sus campos como Ramón de Carranza o Ramón Sánchez Pizjuán.

Entre los casos significativos están los que adoptaron el nombre de una playa. Es el caso de Riazor en La Coruña o El Sardinero en Santander. Después de ver las estadísticas de la última temporada no cabe duda que han sido una playa de verdad, por la cantidad de puntos que han volado de los dos. Por no hablar de los clubes que ponen nombres que sólo ellos entienden como Balaidos, Nou Camp o Son Moix.

Dentro de esta variedad y disparidad, sólo hay un nombre que parece acertado, el complejo deportivo de Chapín en Jerez. Un campo que ha vivido cuatro ascensos de otros tantos equipos en tres años, no puede tener otro nombre que el de complejo deportivo.