#Garaje
Ese garaje se ha paseado por los platós de televisión de toda España y más allá, ofreciendo una imagen patética del sector agroalimentario sevillano y andaluz

Hace algunos días, el maestro García Barbeito se compadecía en estas páginas del triste destino de la carne mechá. Me sumo a su pena pero añado una sensación que en mi caso la supera: el asco. No sé las veces que habré visto por televisión ... esas imágenes de las manos enjeringando un lomo crudo, ni esas otras de las rodajas de carne embutida. Todas me producen una dentera insoportable. Pero ninguna me provoca más rechazo que la estampa de la empresa responsable del foco, ese garaje de polígono con la fachada churretosa y los bordillos comidos por los jaramagos, más propio de un taller clandestino.
Ese garaje, con sus cancelas de pintura parcheada, con su cableado desnudo y sus rejas patibularias, se ha paseado por los platós de televisión de toda España y más allá, ofreciendo una imagen patética del sector agroalimentario sevillano y andaluz, y de productos relacionados con el ibérico que representan una de las joyas del patrimonio gastronómico de Andalucía. Se vanagloriaba el otro día el presidente de la Junta de estar escribiendo un nuevo relato en el combate de la listeriosis en España y en el mundo. Es posible que hayamos hecho historia, pero no precisamente triunfal. De un garaje mítico partió la rutilante historia de Steve Jobs y toda su épica del emprendimiento, sintetizada en la universal manzana, sinónimo imperecedero de lo cool. Este otro garaje, en cambio, funciona perfectamente como icono de la dejadez y la chapuza; su estampa representa un grosero exabrupto frente al esfuerzo de décadas de todo un sector para construir una imagen atractiva de la oferta gastronómica andaluza.
El brote cesará, y la crisis se irá apagando. Pero la evidencia seguirá ahí: la pyme andaluza tiene un grave problema de diseño.
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