Todo irá bien
Las mujeres desatendidas
Pep Guardiola es la indiscutible primera dama de Cataluña
Ser homosexual os debería servir para poder libraros de la mujer. De lo que causa ser mujer. De la mujer tan pegada a los fluidos de la mujer. Pero el drama de muchos homosexuales –como de tantos independentistas– es que no sois hombres buscando hombres ... sino mujeres huyendo de vosotras mismas como Junqueras entregándose a la Justicia al día siguiente de haber declarado la independencia. No es que os gusten los hombres. No es que deseéis un Estado. Huís del fuego y el fuego os justifica.
Por eso soléis ser más promiscuos y es frecuente que tengáis relaciones abiertas. Por eso hacéis mesas de diálogo y plantáis al Rey. Por eso lleváis un bolso y hacéis gestos con las manos y los brazos que una mujer no haría. Por eso vais a las cumbres y a las manifestaciones contrarias. Porque no sabéis lo que queréis. Porque creéis que tenéis un problema de condición y tenéis una confusión de género. Porque sois señoras, costureros con patas huyendo de los hilos y las agujas; y en vuestro huir inquieto os escondéis en oscuros antros sesgados pero incluso allí la mujer os encuentra pidiendo amor en cuclillas. Y cuando sales y te secas un ojo y dices que es lo único que te ha quedado del que ya se ha ido, yo sé que no has podido evitar que te cayera una lágrima. Una lagrimita autonómica, bilateral, muy sentida. Una lagrimita sediciosa, malversada, indultada.
Yo tengo muchos amigos homosexuales y muchos amigos independentistas y me doy cuenta de que la inmensa mayoría de los que están angustiados es porque en su fondo más íntimo hay una mujer que nunca ha sido atendida como merece. No les hace sufrir que les gusten los hombres, que por otra parte los hay muy atractivos; ni por supuesto querer separarse de España, que es el modo más rentable de vivir en Cataluña. Os hace sufrir la mujer íntima no identificada a la que nunca habéis invitado a cenar. Busca bien en tu interior y encontrarás un támpax olvidado hace tiempo. Esto es lo que eres. Asúmelo y podremos empezar a hablar en serio.
Cataluña está mal diagnosticada. No queremos volver a casa ni solas ni borrachas. No es sólo nuestro cuerpo –ni nuestro país– y no sólo nosotros decidimos. Cataluña quiere que España le haga caso pero no por el poder sino por darse importancia. Cataluña es una de esas feministas a las que la rebeldía se le acaba cuando la pides en matrimonio con un anillo de diamantazos. Mientras tanto, sufre por despecho delirios de soldado que quiere ir a la guerra heroica y no es más que una masovera ataviada con folclórica falda y pegada al realismo contable de la provincia; aunque algunas noches, cuando bebe demasiado, se pone burra con los forasteros, como la protagonista de 'Los Puentes de Madison', esa novela que tanto gustó a Pep Guardiola, indiscutible primera dama de Cataluña. Pero al final siempre llega al día siguiente y el esposo y los hijos vuelven de la feria del ganado.
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