Kichi y las flores del bastón

El alcalde pareció por momentos un personaje bíblico para el pueblo de Cádiz; también él ha roto sus tablas de la Ley

Andrés G. Latorre

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En aquellos días, el pueblo de Cádiz estaba subyugado por el Teofilato. Dios se había encargado de endurecer el corazón de Teófila y el pueblo pasaba hambre, frío, sed y el Cádiz seguía en el pozo de la Segunda B. Fue una época de llorar ... y crujir de dientes, donde hasta Onda Cádiz se veía con agüilla y el 1 hacía mucho ruido cuando pasaba por Zamacola. Pero hete que el Señor del pueblo gaditano, entre sus hijos, escogió a uno nacido en lejanos países para que guiara a los suyos a la tierra prometida que, en este caso, era el propio Cádiz. «José María, tú guiarás a mi pueblo, que cruzará a pie enjuto por la Bahía y luego volverá antes de la una de la tarde para sellar el paro ». «Pero Señor, soy un humilde profesor, ¿cómo podré yo vencer esa Teocracia? Además, el puente lleva en obras desde que Keops era chico». «Yo te daré un ejército con el que Sí se puede. Ten fe. También te daré un puente». «¿Y tendrá carril bici y plataforma tranviaria?» «Tampoco te pases», protestó el Señor. Llegó la hora de la renuncia . José María se ponía al frente de Cádiz. De su pueblo. El elegido.

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