Javier Fornell
El fantasma del Ayuntamiento
Se jactan de cantar carnavales, de salir junto al Nazareno y defender un nuevo Cádiz desde el salón de su casa y al calor de su twitter…

En el Ayuntamiento de Cádiz hay fantasmas. Sí, sí: fantasmas. Hay uno al que se le oye andar por los pasillos, tintineando las llaves que lleva en sus manos para cerrar el edificio. Dicen, también, que se le huele antes de llegar, porque ... en otra vida fue un caballero que gustaba gastar perfume de varón. Recorre los pasillos del cabildo desde no sé sabe cuándo, realizando un trabajo que hace mucho que tendría que haber terminado; y, casi siempre, se le ve en la zona alta, justo una planta por encima del despacho más vacío de nuestra democracia: el del alcalde .
Me gusta terminar mis rutas sobre fantasmas y misterios de El Populo justo con esa historia. Y lo hago por una razón muy clara. Durante todo el verano, y desde que comencé a guiar, hay una pregunta recurrente que me repiten una y otra vez: ¿De qué vive Cádiz? Inmediatamente, la mayoría suelta una retahíla de tópicos y estereotipos perpetuados por la televisión y Toni Rodríguez. La lista va desde el gracioso hasta el vago pasando por casi cualquier termino para decir que aquí no se trabaja, ni se tienen ganas, ni previsión.
Mi respuesta siempre es la misma. La provincia de Cádiz es puntera en muchos aspectos, destacando el naval. Desde aquí se han diseñado los vagones del Hyperloop, que circulará a más de 1.000 kilómetros hora; aquí es el único lugar del mundo en el que Estados Unidos confía su flota a un astillero extranjero. En Cádiz tenemos la mayor harinera de Europa; tenemos las administraciones públicas y tenemos una industria cultural y turística muy fuerte.
La mayoría de los gaditanos trabajan y viven. Es lo bueno de nuestra tierra, que con poco se vive bien. Aquí no hacen falta sueldos enormes para disfrutar de mayor calidad de vida. Aquí se trabaja para vivir, no se trabaja sin vida. Eso es lo que nos convierte en gente alegre y abierta. En personas que no sufren un castigo en sus horas laborables porque saben que al volver a casa tendrán tiempo y personas para disfrutar.
Por eso, me gusta terminar mi ruta allí, y hablar de ese fantasma que continúa trabajando en el Ayuntamiento. Que sigue realizando la labor que le fue encomendada vete a saber cuándo y por quién. Él se mantiene inalterable en su puesto de trabajo incluso después de muerto. Un funcionario atípico, dirían los tópicos, que trabaja en cuerpo y alma. Pero ese fantasma representa al gaditano y a Cádiz. Un Cádiz que parece muerto pero que trabaja incansable en la sombra para sobrevivir, a pesar de pandemias y carriles bici.
Una ciudad que en la que su gente ha aprendido que no es más rico quien más tiene sino quien más sabe disfrutar de lo que tiene. Y eso hace que muchos se pregunten cómo lo hacemos. Lo malo es que luego llegan ciertos gaditanos y, rompiendo el trabajo silencioso de miles de conciudadanos, se piden un permiso de paternidad y se van a vivir su vida dando la espalda a su ciudad; se jactan de cantar carnavales, de salir junto al Nazareno y defender un nuevo Cádiz desde el salón de su casa y al calor de su twitter… Y es que, realmente, hay fantasmas en el Ayuntamiento.