El poder de la naturaleza
El volcán, desde hace un mes y sabe Dios hasta cuando, no deja de recordarnos quien es el que realmente manda

Hoy, 26 de octubre, se cumplen 50 años de la erupción en La Palma del Teneguía , un acontecimiento geológico que se convirtió, durante 24 días, en todo un bellísimo espectáculo de fuego en el que, afortunadamente, los daños fueron mínimos, aun cuando hubo ... que lamentar el fallecimiento de dos personas por inhalación de gases, uno de ellos un turista que se saltó las barreras de seguridad. Quiso la naturaleza que el volcán, tras varios días de temblores, rugiese cerca del mar, apenas a 500 metros de la costa del municipio de Fuencaliente en el sur de la isla, sin que los ríos de lava afectasen a las poblaciones cercanas. Se le bautizó con el hermoso nombre guanche de Teneguía, bonita denominación, que al parecer significa humo o vapor caliente, por su cercanía al roque homónimo repleto de grabados rupestres prehistóricos. La Palma, la isla bonita, fue el centro de atracción de propios y extraños; las imágenes, espectaculares, recorrieron el mundo y no fueron pocos los que se animaron a observar in situ la expresión de la fuerza de la Tierra que, aunque se llevó por delante cepas, vides y plataneras, no dejó de ser una magnánima manifestación de poderío sin graves consecuencias.
Decía el alcalde de Fuencaliente que se han suspendido los actos conmemorativos del quincuagésimo aniversario de la erupción del Teneguía porque, con toda la razón del mundo, no están para celebraciones . Mientras en el resto del país nos preparamos para agasajarnos con unas fiestas de Halloween y divertirnos con el horror horroroso, los palmeros que han tenido que abandonar sus casas sufren en sus propias carnes lo que es el auténtico miedo a lo desconocido. Y es que medio siglo después de la erupción del Teneguía, la naturaleza ha tenido otros planes diferentes y Vulcano y Eolo, insensibles a los padecimientos y sentimientos humanos, han decidido otra cosa. Esta vez, el cono, que ni siquiera tiene nombre, abierto en la cadena de Cumbre Vieja , esa espina dorsal volcánica que recorre la isla, ha arrasado con las certidumbres, con los medios de vida, con las ilusiones, con los proyectos de futuro, con los recuerdos de toda una vida de miles de personas. En unas imágenes televisadas, una señora mayor volvía a su casa, en el breve espacio de tiempo dado por las autoridades habida cuenta el peligro, para recoger un costurero, el único recuerdo que conservaba de su madre. Quizá las paredes puedan reconstruirse, la gente pueda reinventarse y buscar otros horizontes, en su isla o fuera de ella tal como ocurrió en la erupción del San Juan en el año 49, pero la desaparición de las huellas tangibles de los recuerdos de toda una vida, la interrupción de la propia biografía, eso no hay manera de recomponerlo.
En esta ocasión, la erupción, con un poder destructivo enorme, ha devastado una buena parte de La Palma , y los vientos han llevado las cenizas hasta donde han querido, pero la desolación creada no se ha limitado a las casas, a los colegios, a las plataneras porque la mayor desolación es la humana. En fin, el volcán, desde hace un mes y sabe Dios hasta cuando, no deja de recordarnos quien es el que realmente manda. Y es que la Naturaleza tiene esas cosas, aunque el ser humano esté convencido de tener el poder de doblegarla.