Cardo Máximo
Oportunidad perdida
Hemos desaprovechado este tiempo de debate en torno al bien común para dedicarnos a una riña histérica
Sentados mientras aguardamos la cita previamente fijada, alguien cerca de mí pronuncia en voz alta: «Todavía no sé a quién votar». Y le sigue una onomatopeya que lo mismo vale para significar aburrimiento, que hastío, que desilusión, que vaya usted a saber, pero nada bueno. ... El indeciso –ese elector que no deposita el sobre a ciegas ni con la nariz tapada sino calibrando los pros y los contras de su elección– explica sus motivos: «Es que antes los políticos tenían empaque, pero ahora…» Remato por escrito su reflexión en voz alta por si le sirve de algo al ciudadano cavilante: ahora nos dan los mensajes empaquetados, que no es lo mismo.
Vote a quien vote el amable lector, seguro que hay algo en que nos ponemos rápidamente de acuerdo: la que hoy termina, a Dios gracias, ha sido la peor campaña electoral. Enmarañada, fullera, chillona, faltona, trabada, falsa, embarrada… Al cabo de los dos meses que han pasado desde las elecciones municipales de mayo, tenemos la sensación de estar en el mismo sitio donde amanecimos el lunes de Pentecostés. Una lástima porque hemos desaprovechado este tiempo que debiera ser de reflexión y debate colectivos en torno a los problemas de todos y el bien común para dedicarnos a una riña histérica llena de eslóganes, prejuicios y frases hechas de la que nada positivo se puede extraer.
La campaña electoral ha sido una gran oportunidad perdida, porque los asuntos que reclaman nuestra atención son muchos y seguirán estando ahí sin que le hayamos dedicado un minuto. El caso de las pensiones, uno de los nudos gordianos que tiene el presupuesto del Estado, es significativo de la pifia colectiva. En vez de una discusión en profundidad sobre el modelo de protección social que necesitaremos en los próximos veinte años, nos hemos enredado en tirarnos los trastos a la cabeza sobre lo que aconteció años atrás. ¿Tenemos futuro si nos empeñamos en mirar atrás para evitar mirar de frente y a lo lejos los desafíos que están por venir?
No se ha hablado de eso. Ni del invierno demográfico ni de la despoblación de la España interior. Nada se ha dicho de política exterior y la convivencia obligada con el vecino del sur. No hemos escuchado propuestas -propuestas, ojo, no disparates ni banalidades de brocha gorda- sobre inmigración, Justicia, universidades, mercado laboral, deuda pública, política hidráulica, empleo público y voracidad recaudatoria de la Administración, talento e investigación… Siga el lector colocando todo aquello que ha echado de menos en esta campaña.
No ha habido nada sustancioso. Nada que haya pasado del intercambio de zascas y de la propuesta populista, rozando la demagogia, sin enfrentarse con rigor intelectual y honestidad moral a los problemas de la nación. Nada de nada. Sólo emociones a flor de piel y visceralidad adolescente. Todo lo que está de más a la hora de gobernar. Lástima porque lo lamentaremos.
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