OPINIÓN
Presunciones
Me parece una pasada de tono totalmente impropia de una persona que ostenta la vicepresidencia del gobierno de una nación europea y, a veces, hasta la propia presidencia
Muchos recordaremos aún aquellas estaciones cuando, al parar los trenes, voceaban los vendedores sus productos, como en Utrera, donde se escuchaba aquello de «mostachones, mostachones…». Y no es porque la ministra de Hacienda, ex consejera de la Junta de Andalucía tan comentada antes, ahora y, ... a pesar de muchos, sólo el destino nos dirá hasta cuándo, sea sevillana o no, no. Es que viéndola en la televisión hablando, aplaudiendo o jaleando, ha logrado convertírseme en mi fantasma pregonera. «Presunciones, presunciones tengo».
Prácticamente casi todo el mundo, cuando se le pide algunas palabras en algún momento emotivo suele saltar con aquello de que no encuentro palabras o no tengo palabras, y yo quiero apoyarme también hoy en esa muletilla porque, lo de esta señora, raya ya tan en lo impresentable, que no quiero arriesgarme a que se me escape de las teclas algo más de una natural equidistancia. Aun así, no puedo dejar de expresar que, cuanto menos, me parece una pasada de tono totalmente impropia de una persona que ostenta la vicepresidencia del gobierno de una nación europea y, a veces, hasta la propia presidencia.
Todos lo sabíamos desde antes del 6D y, cuanto menos, desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y en ella seguimos creyendo los que respetamos al ciudadano como individuo. Pero esta señora, por mucho que quiérase pensar que se le caliente la boca, no sé si lo sabe. Y si lo sabía, peor que peor, porque esta señora, insisto, es la número 2 de un gobierno y, además, quiere ser la presidenta de Andalucía.
En el uso del Derecho y de la Ley la presunción es aquello que se tiene por cierto sin necesidad de que sea probado pero el DRAE, que limpia, fija y da esplendor, lo que le vendría más que bien a la boquita de una o de otro, también dice de ella que puede ser suposición, sospecha, conjetura, creencia, presupuesto, imaginación, y aún más, figuración, jactancia, altanería, altivez, arrogancia, engreimiento, orgullo, petulancia, vanagloria, o fanfarronería. Apuesto aquí por los últimos sinónimos.
Declaraciones como la expresada, dichas en un mitin de esos de sus amores, y que por cierto tuve el disgusto de ver cuánto tiempo le concedió TVE en su Canal 24 H, descalifica a quien ocupa tal sillón y tal escaño en una sociedad respetuosa con los principios inalterables de la democracia. O sea, más que presumir, sumarme a todas esas voces que han dicho no, que así no se puede estar donde se quiere estar.
¿Lo admitiremos? Pues ahí está, ahí sigue, qué más da. Juegan ellos con que todo se olvidará, que todo se desvanecerá, así que, a Sevilla con ella, que se venden mostachones. O… presunciones.