Opinión

Todos los huevos en la cesta turística

Parece que en España no terminamos de definir ni planear un camino que nos lleve a la tan deseada armonía económica

Hago uso del dicho popular para sumergirme en este brete tan importante: el del sistema turístico, o lo que viene a ser esta industria por la que hemos apostado fuertemente, en la que estamos volcando todos los inputs, posibles, habidos y por haber.

Parece que ... en España no terminamos de definir ni planear un camino que nos lleve a la tan deseada armonía económica. Parece que somos de ideas fijas: nos gusta aferrarnos a un tema y absorber todo el contexto que lo rodea, todo el sistema. Ya nos pasó con la construcción, en su momento.

Habrá gente lo suficientemente joven como para no saberlo, pero hubo un tiempo en el que hasta el más necesitado se sacaba un dinerillo vendiendo pisos pocos meses después de comprarlos, o simplemente tras dar la entrada. A cualquiera que trabajara durante aquellos comienzos de siglo se le habrá escuchado decir aquello de «un peón cobraba dos mil euros».

Subráyese que, a principios de siglo, dos mil euros de sueldo daban para mucho más que hoy en día; incluso se podía ahorrar en relativamente poco tiempo para pagar la entrada de un piso… y revenderlo después.

Aquello no es tan agotador como podríamos pensar. Ha sido mucho más largo el tiempo que hemos pasado saboreando las mieles de la nostalgia. Son muchos los que han envejecido con el recuerdo de ese dinero fácil. Los otros —los que se supone que pertenecen a la generación paréntesis— esa generación pausada, que nunca ha pegado el pelotazo en nada, que vive del consumo low cost y que, según nos dicen, no tendrá nada y será feliz, no le tienen tanto cariño al boom inmobiliario.

Y muchos de nosotros, los que nos hemos visto absorbidos por la industria turística, miramos con cierto escepticismo este motor económico basado en el turismo. Sé algo de esto: de clientes turistas, de hoteles, de productos turísticos, de contextos turísticos, de gente que tiene que conciliar su vida personal con un trabajo tan estacional. Y, aun así, miro —como muchos que siempre hemos fracasado en alguno de los grandes pelotazos españoles— con bastante escepticismo.

Por eso recurro al lenguaje tradicional, al dicho popular, a la sabiduría ancestral. No sabemos en qué momento se romperá esa cesta. Pero cuando hay ciudades costeras, como Cádiz, que empiezan a mirar con recelo el piso turístico y a limitarlo… cuando incluso la política más conservadora empieza a mostrarse desconfiada, es que algo está por llegar.

Aunque soy escéptico y pertenezco a la generación que observa con recelo, espero que lo que esté por venir sea una industria de energías renovables que nos posicione como el país con la mejor y más barata energía de Europa.

Esperemos.

Artículo solo para registrados

Lee gratis el contenido completo

Regístrate

Ver comentarios