OPINIÓN
No sé cómo explicarles
Mantener su confianza será un ejercicio continuo que me mantendrá ocupado hasta que desarrolle su pensamiento crítico y sus preguntas sean más sofisticadas
Tengo a mis dos aprendices atentas en el día a día. La mayor empieza a hacer preguntas oportunas, muy inteligentes, debo decir. Siempre le digo que yo voy a resolverle todas esas dudas, que lo sé todo.
Abuso de mi autoridad paterna y le explico ... todo lo que me pregunta. A veces, medio me lo invento, porque entro en el juego de la inocencia, quizá reclamando la atención como padre que se me va esfumando conforme ella crece. Mantener su confianza será un ejercicio continuo que me mantendrá ocupado hasta que desarrolle su pensamiento crítico y sus preguntas sean más sofisticadas.
En algún momento no sabré cómo explicarles por qué nos manipulan en el trabajo, en la política, en la familia. A mis cuarenta años todavía no lo he entendido bien. No comprendo las motivaciones; no sé explicarlo.
Seguramente tampoco sabré explicarles por qué la maldad opera con tanta alegría en una sociedad aparentemente justa. Por qué los mecanismos que sirven al mal son también herramientas para quienes, en apariencia, nos quieren proveer de recursos y servicios. Y hablo de todas aquellas personas que deberían estar donde están por vocación y voluntad de servicio.
No sabré explicarles por qué vivirán peor de lo que yo viví en mi juventud, aunque aparentemente parezca que lo tienen todo. Pero todos, al anochecer —y hablo de padres y madres— sabemos que no lo tienen. Y que, si a nosotros nos está costando la misma vida, a ellas les costará el doble.
Tampoco sabré explicarles por qué renunciamos a la verdad, a la sinceridad, a una vida honesta. Por qué nos refugiamos en nuestras propias miserias cuando vemos que nada es como nos lo contaron. No sabré explicarles por qué he vivido así, por qué he caído en esa cobardía. Ni por qué las he engañado tantos años.