taconeando
La segunda transición
La tensión política se liberaba con humor y en los debates encontramos eso que antes llamábamos 'clase'
He heredado una parte de la biblioteca de un periodista español que este año será homenajeado en Madrid. Ahora tengo nuevos libros de Fernando Vizcaíno Casas, Paco Umbral, Calvo Sotelo, Emilio Romero Gómez, Víctor Salmador, Manuel Fraga… Los grandes muertos de la Transición llenan los ... estantes nobles, y más que un regalo es una maldición, porque me sonríen irónicos. Regreso, medio siglo después, para ver en qué punto se jodió la convivencia en el mundo televisivo/político/periodístico, que igual tampoco estaba mejor. Encuentro que el bajo consumismo y la ausencia de fiebres identitarias permiten que la originalidad y la personalidad, o el estilo, sean más libres. Los autores y periodistas comienzan a escribir en libertad, pero esto dura poco. La dimensión literaria, romántica, del periodismo ha estado casi siempre ensombrecida por la ideología o la censura.
El escritor que ahora me interesa es el periodista novelesco. Una aprende a humanizar al político como un personaje de Maupassant, que es a lo que más se parecen los políticos. Pero también los famosos y los empresarios. Ese interés genuino, esa curiosidad literaria hacia el Otro se jodieron en algún punto. Parece que todo empieza con la sutil cacería de 'El Pais', organizada tras la llegada del Sr. González al poder. Cuenta Paco Umbral que al principio le metían anuncios de calvos en la columna y se la desbarataban. O sea, anuncios contra la calvicie. Los que han escapado de estas cacerías organizadas permanecen en los márgenes o se han quedado sin pelo, por el susto. Pero ese diario hoy está hundido como un viejo galeón de los que llevaban la fe a América.
Esto nos lleva a otro tema. El culebrón ideológico es lo que más pone al personal, y por ahí se va muriendo el periodismo literario, que está todo en ABC. Yo quería regresar a la Transición para escapar de la hostilidad del presente y me encuentro con el germen de la enfermedad del Cuarto Poder. ¿Y qué ha hecho mi generación con los librepensadores? Luz de gas, o 'gaslighting', como dicen los americanos. Muchos tienen leyendas negrísimas, porque ellos le daban al rumor y a la calumnia sutil, que siempre suponen imaginación, adivinación, instinto, inventiva y todo eso siempre vuelve, según indica la noble doctrina del karma. Del franquismo aprendieron a rechazar la objetividad/imparcialidad, que es una formula clásica de periodismo que interesa al poder, para llevar el agua a su molino.
Entre la polvareda y los ácaros encuentro historias hiperrealistas, columnas costumbristas muy vivas. La conversación era fluida, posible, distendida. La tensión política se liberaba con humor y en los debates encontramos eso que antes llamábamos 'clase'. Otro de los puntos que hay que analizar: el papel de la tele como piedra angular para el cambio y el consenso. Ahora a algunos no nos invitan, porque si pisamos un plató les decimos cuatro verdades y montamos la Segunda Transición en directo. A esa cita con la Historia de momento no nos quieren invitar.
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