la alberca
El mal estado de la Nación
Sánchez ya sólo tiene dos salvavidas: Putin, a quien culpa de todo, y Bildu, a quien exculpa de todo
Las dos aseveraciones de Pedro Sánchez en el acto de Ermua son, además de bochornosas, falsas. «Euskadi y España son países libres». La mentira es la especialidad de la casa, pero este doble tirabuzón de la patraña eleva al presidente al olimpo de los embusteros. ... Ni Euskadi es un país ni España es libre. Al menos desde que él la preside. El debate sobre el estado de la Nación confirma el secuestro al que hemos sido sometidos desde que este depredador institucional se amarteló con los antisistema. Su pulsión autócrata, hija de una vanidad que no cabe en el sistema solar y de un abisal nihilismo intelectual, le provoca incontrolables conductas conservadoras. Nunca hemos tenido un presidente más conservador que Pedro Sánchez. Ha demostrado ser capaz de cualquier cosa para conservar el poder. Y además se le da bien. Tiene mano. Cuenta con la gran ventaja de que carece de principios. Cuando los demás sienten el freno de la vergüenza, de la lealtad, de la dignidad o de la educación, él siempre sigue adelante. Es invencible.
Pregonar delante del Jefe del Estado, primer garante de los principios constitucionales, y de las víctimas del terrorismo de ETA que Euskadi es un país libre es dificilísimo. Cualquiera no vale para eso. Hay que estar muy preparado. Carecer de conciencia. Tener el objetivo claro y estar dispuesto a cualquier cosa por alcanzarlo. Y por si acaso todo eso hay que acompañarlo de mucho Primperam para evitar las arcadas naturales que provoca la deglución de tanta porquería. Así que después de haber desaguado sobre la Constitución, que «se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas» (artículo 2), y sobre los muertos, ¿qué debate se puede tener sobre el estado de la Nación? La Nación está fatal, peor que nunca, en manos de un desaprensivo, en serio peligro de hundimiento.
Ayer, después de acatar los imperativos de Bildu y mancillar a Miguel Ángel Blanco en su propia casa, obedeció a Podemos al anunciar nuevos impuestos para las energéticas y los bancos como solución mágica al desastre inflacionario. Responsabilizó de todo a la guerra una vez más. Le faltó solicitar la beatificación de Putin, que es ya su principal salvavidas. Así de fría es la paradoja. Los únicos aliados que le quedan a Sánchez son el sátrapa ruso, a quien culpa de todo, y Bildu, a quien exculpa de todo. Franco ya se le ha gastado. Por eso en sus estertores, las encuestas avisan, sólo puede recurrir al populismo que ha aprendido de sus socios. El refranero es sabio: dos que duermen en el mismo colchón... El presidente agoró ayer entre sus medidas estelares una subida de cien euros en las becas para estudiantes. ¡Cien euros! Y así rebatió su segunda tesis de Ermua. España no es libre, no con él, que la tiene comprada a través de los votos de los enemigos de la Nación y de las paguitas.
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