Editorial ABC

Primer aviso serio para Sánchez

Más allá de la cacicada fiscal con la que pretendía chantajear a los ayuntamientos, la derrota parlamentaria de ayer tiene vida propia en la medida en que se trata del primer varapalo serio y expresivo de su debilidad

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El Gobierno no consiguió convencer ayer a ningún otro grupo parlamentario en el Congreso para ver convalidado el decreto por el que se apropiaba de hasta 16.000 millones de euros procedentes del superávit ahorrado por los ayuntamientos. Esta operación de requisa, improvisada durante este verano por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no ha sido solo rechazada por el PP, Vox o Ciudadanos, sino por toda la oposición en bloque, incluidos los socios habituales de Sánchez en muchas otras votaciones. La soledad de Sánchez y de Iglesias, que in extremis logró que la marca catalana de Podemos votara a regañadientes a favor del decreto, es notable y aventura una agonía permanente para el Ejecutivo en cada votación. Más allá de la cacicada fiscal con la que pretendía chantajear a los municipios, la derrota parlamentaria de ayer tiene vida propia en la medida en que se trata del primer varapalo serio y expresivo de su debilidad, y porque tiene mucho de humillante para quien, en un tono de euforia sobreactuada, aventuraba días atrás que tiene garantizada una «legislatura larga». Hay días en los que la soberbia se paga con fracasos y delatan la soledad de Sánchez. En esta ocasión, la prepotencia habitual del presidente ha dejado de ser su aliada, y el correctivo que se le ha propinado a La Moncloa desde escaños de uno y otro signo -porque el dinero carece de ideología- debería servir a Sánchez para aprender una lección: la de asumir que su gestión de la crisis del coronavirus empieza a contar con un rechazo generalizado.

El Gobierno trató ayer de relativizar su frustración por quedar en soledad durante la votación. Pero lo cierto es que no sirvieron de nada los esfuerzos de última hora de Montero por reconducir lo abusivo e injusto de su decreto para hurtar a los consistorios los ahorros de su correcta gestión. La derrota es una primera señal de lo incierta que será para Sánchez la negociación de sus primeros presupuestos generales. El precio de cada partido a cambio de sus votos crecerá ahora exponencialmente porque el aislamiento supone un enorme desgaste para Sánchez. Su ambivalente cortejo a ERC y a Ciudadanos, con una de cal y otra de arena casi diaria para cada partido, refleja la confusión que invade al Gobierno. Ahora Sánchez ya sabe que no será suficiente gobernar con marketing propagandístico, y que su crédito ante sus socios puede empezar a agotarse. Sánchez no pacta. Impone. No negocia. Solo exige sumisión y claudicación de la oposición, y lo grave es que este aviso en forma de derrota solo le servirá para poner a España al servicio del nacionalismo y el independentismo con tal de prolongar la legislatura, a costa incluso de la recuperación económica. Su cesión ante cualquier chantaje va a ser norma común.

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