Editorial

La ideologización de una mentira

El ridículo es mayúsculo, solo comparable a la aparatosidad de un montaje que como en casos similares pasa por la criminalización de los rivales parlamentarios, sin otra prueba que el prejuicio y la propaganda

Editorial ABC

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La confesión de la presunta víctima del también supuesto ataque homófobo del centro de Madrid, que ayer reconoció que sus heridas fueron consentidas, han desmontado el castillo de naipes que la izquierda, empezando por el propio presidente del Gobierno, se apresuró a construir sobre una mentira y con la única intención de responsabilizar a la derecha de cualquier ataque que sufran los homosexuales. El ridículo es mayúsculo, solo comparable a la aparatosidad de un montaje que como en casos similares pasa por la criminalización de los rivales parlamentarios, sin otra prueba que el prejuicio y la propaganda. A la izquierda no le importan tanto las víctimas como su rentabilidad política, y cualquier investigación policial es posterior a su condena previa. Si en España aumentan los delitos de odio y la homofobia, el Gobierno tiene mucho por hacer. Sería suficiente con que dedicase a este problema la mitad del tiempo que pierde en vestir a Vox y al PP con la sábana de sus propios fantasmas.

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