Editorial
Díaz ya solo pacta consigo misma
En la negociación del SMI no ha habido diálogo bilateral, sino la sumisión casi bovina de unos sindicatos en nómina de Yolanda Díaz y de un Gobierno que los alimenta con fondos europeos

El anuncio hecho ayer por Yolanda Díaz para incrementar el salario mínimo hasta los mil euros -35 más que ahora- parte de una premisa política falsa. De hecho, Díaz se jactó de haber pactado esa subida «de forma bilateral con los sindicatos», dejando bien a las claras que en esta ocasión los empresarios la han rechazado. Pero aquí no ha habido ninguna ‘negociación bilateral’, sino la sumisión casi bovina de unos sindicatos en nómina de Yolanda Díaz y de un Gobierno que los alimenta graciosamente con fondos europeos. La irrelevancia de los sindicatos es cada vez mayor, por más que Díaz se empeñe en maquillar la dignificación de los ‘agentes sociales’ con ese lenguaje retórico que usa cuando quiere aparentar que ha negociado algo que en realidad ha vuelto a imponer. Y faltaría más, por decreto. Es sencillo: se trata de una decisión unilateral de Díaz con tintes electoralistas, ya que, como ella admite, está en el incipiente proceso de fundación de una nueva plataforma ajena a Podemos, de quien cada día se desmarca más en busca de protagonismo.
La subida del salario mínimo sí responde a un compromiso electoral de Podemos, aunque ese argumento es deliberadamente incompleto. Después de haber admitido en el Congreso su fracaso con la reforma laboral, aprobada solo porque un diputado del PP erró en el voto y porque la Mesa del Congreso ha incurrido en trilerismo parlamentario, Díaz es plenamente consciente de que ‘su’ norma no tiene nada de izquierdas, que es muy similar a la del PP de 2012, y que ha sido impuesta por Europa. Por tanto, a Díaz le toca dar la de arena, congraciarse ahora con independentistas, nacionalistas y bildutarras, y simular que sigue siendo la musa ideológica de la justicia social. Todo en Díaz responde a una impostura sobreactuada. Además, no se esfuerza en disimularlo. Ridículo fue ayer su comentario en el que no solo presumió de ser elogiada por Europa, «sino por todo el mundo», dijo ufanándose de su propia figura. Es normal que medio Podemos desprecie políticamente a Díaz y que la otra mitad critique ‘sotto voce’ tanto afán de estrellato, valiéndose además de repartir a los sindicatos un humillante papel de agentes paniaguados.
Por principios, por lógica y por sentido común, nadie puede oponerse a la subida de sueldos de los trabajadores en general, y del salario mínimo en particular. Todo ello, salvo en un escenario de recesión e inflación que ya se está prologando más de lo calculado por el Gobierno. Lo que habrá que ponderar es si es el momento más idóneo, si existe riesgo, como así es, de que los empresarios se retraigan en la creación de empleo, y si es la medida más adecuada en este periodo tan incierto, en el que hasta Nadia Calviño ha exigido contención salarial. El Gobierno confía en un sólido crecimiento de la economía y, por tanto, en una inevitable creación de empleo en la que lo de menos serán esos 35 euros. De momento, el Banco de España tampoco concede una especial trascendencia dramática a la medida. Pero, políticamente, Díaz no está al servicio de ningún consenso, ni su intención siempre es la de poner de acuerdo a sindicatos y empresarios. Piensa en ella misma y en su futuro. Quiere ser la gallina de los huevos de oro y todo apunta a una nueva izquierda de salón, rebosante de oportunismo. Con la reforma laboral en el BOE, ahora ya los empresarios les dan igual tanto a Sánchez como a Díaz.