Editorial
Andalucía y el cambio de ciclo
Las elecciones andaluzas se presentan como otro plebiscito sobre Sánchez y como el firme indicio de un cambio de ciclo político en España. Hasta el CIS pronostica que el PP arrasará el 19-J
La campaña electoral de Andalucía comienza marcada por un sondeo del CIS que otorga un amplísimo triunfo del Partido Popular, un notable ascenso de Vox, un estancamiento del Partido Socialista, y el hundimiento de la extrema izquierda –en sus dos vertientes, Por Andalucía y Adelante Andalucía–, y también de Ciudadanos. Si el PP alcanzase los 49 escaños que como máximo le otorga el CIS, a seis de la mayoría absoluta, podría permitirse incluso gobernar en solitario con el apoyo externo de Vox, ya que solo el PP superaría a toda la izquierda junta. De confirmarse estos pronósticos, el PP no solo sumaría la inmensa mayoría de votos que en su día se fugaron a Ciudadanos, sino que recibiría apoyos directos de antiguos votantes socialistas descontentos con la candidatura de Juan Espadas y, sobre todo, con la gestión de Pedro Sánchez.
De hecho, como ocurrió en las elecciones de Madrid el 4 de mayo del año pasado con el arrollador triunfo de Isabel Díaz Ayuso, en este caso los comicios andaluces emergen también como un plebiscito sobre Sánchez. En Madrid, el trasvase de votos al PP provenientes del PSOE se calculó en unos 150.000. Teniendo en cuenta que Andalucía es una quinta parte del territorio español y una quinta parte de la población, los resultados que salgan de las urnas serán, con más fiabilidad que Madrid, un experimento de lo que podría ocurrir si se celebrasen elecciones generales. De hecho, Andalucía es más parecida demoscópicamente al resto de España de lo que lo es Madrid.
No obstante, y dada la conocida deriva del CIS desde que José Félix Tezanos lo dirige, resulta casi extraño que su pronóstico sea tan similar al de muchas otras encuestas ajenas a este organismo público. Por primera vez en los últimos tres años, el CIS se asemeja a la realidad y no ofrece resultados estrambóticos o convenientemente manipulados. Una de dos: o esta vez parece estar haciendo correctamente su trabajo, o ha decidido cambiar de estrategia, eso sí, al servicio de Pedro Sánchez. En mayo de hace un año, el CIS trató de actuar –sin éxito alguno, por cierto– como palanca movilizadora de una izquierda madrileña incapaz de reactivarse sola. Y lo hizo sobredimensionando al PSOE y rebajando sustancialmente las expectativas del PP. La realidad no solo dejó en ridículo al CIS, sino también al PSOE, que quedó tercera fuerza por detrás de Más Madrid.
Ahora cabe la interpretación contraria: se concede a Juanma Moreno casi el doble de escaños, rozando la mayoría absoluta, como recurso desesperado para que la izquierda se movilice allí donde gobernó 37 años y donde fue partido hegemónico. Hoy al PSOE casi le bastaría repetir los 33 escaños que tiene ahora, o sumar alguno más (máximo 36, según el CIS) para justificar que ha salvado los muebles.
En cualquier caso, el vuelco sociológico en Andalucía es inédito. La izquierda rentabilizó con éxito durante cuatro décadas el mensaje del pánico a la derecha si llegaba a gobernar. Y ahora que gobierna y no caen las siete plagas, la izquierda se queda bloqueada y sin argumentos. El éxito económico logrado por la Junta andaluza es sobresaliente, hay estabilidad política, y la izquierda se derrumba envuelta en pugnas y purgas. Andalucía puede marcar un cambio de ciclo político. Desde que Sánchez gobierna, el PSOE ha cosechado fracasos muy duros en Galicia, Madrid y Castilla y León, se mantuvo inerte en el País Vasco, y ganó en Cataluña, pero sin opción de gobernar. La relevancia de los resultados en Andalucía radica en la percepción creciente que pueda producirse de que el PP es una alternativa real de gobierno frente al PSOE, se presente Sánchez a las elecciones o no.