Editorial ABC

Casi 18.000 muertos que no existen

Los datos de Estadística son elocuentes: uno de cada tres fallecidos por Covid no existe para el Gobierno. La maquinaria de manipulación y ocultación de la verdad sigue en marcha

ABC

El Instituto Nacional de Estadística hizo público ayer un dato escalofriante, según el cual una de cada tres personas fallecidas por Covid en España no existe para el Gobierno. Según sus cálculos, extraídos oficialmente de los distintos registros civiles, solo hasta mayo hubo más de 45.600 muertes, casi 18.000 más de las reconocidas oficialmente por el Ministerio de Sanidad en esas fechas, y el 97 por ciento de ellas, es decir, la práctica totalidad, son achacables al coronavirus. Más dramática aún es la proyección que abunda en la tesis de que ahora mismo, en diciembre, la letalidad del Covid ha acabado ya con la vida de 74.000 personas aproximadamente. Para desgracia de Illa, de su portavoz en la lucha contra el virus, Fernando Simón, y de los supuestos expertos que lo asesoran, y que permanecen en un limbo porque nadie sabe aún quiénes son, los datos de Estadística son incontrovertibles. Los sustentan certificados oficiales de decesos que acreditan un llamativo exceso de mortalidad respecto a años anteriores, sin que razonablemente pueda pensarse que es atribuible a causas distintas a la pandemia. No consta que haya habido otra enfermedad mortífera paralela al Covid en España; no es posible sostener que de repente la curva de fallecimientos por cáncer, infartos u otras enfermedades se haya disparado de forma extraordinaria; y tampoco se ha producido un «gran accidente de tráfico» al que culpar, como hizo irresponsablemente Simón en la primera ola, burlándose de preguntas periodísticas para sacudirse de encima la alarma ciudadana.

Ayer mismo, Simón seguía manteniendo que los fallecidos son 47.344, una cifra muy alejada de ese cálculo sustentado en sospechas lógicas que los sitúan en 74.000. La conclusión es peligrosa: o miente Sanidad, o miente el INE, y no hay ningún motivo para sospechar que Estadística esté inflando las cifras a capricho. De hecho, es otro organismo oficial dependiente del Gobierno y sus trabajos son contrastables. La magnitud del desfase no es creíble. Y eso es lo inexplicable diez meses después de la aparición de la pandemia, que es el mismo periodo de tiempo en el que Illa ha modificado hasta ocho veces el sistema de recuento de fallecimientos para adaptarlo a su conveniencia política. Técnicamente, resulta incomprensible que Sanidad se empecine en negar la evidencia y trate de desautorizar a Estadística falseando los datos para evitar que la imagen de Illa y de Pedro Sánchez por su gestión se devalúe aún más.

Por eso, este desvío tan brutal de fallecimientos solo es explicable desde una perspectiva política, y su único objetivo es ocultar una gestión nefasta basada en presentar a la opinión pública una sucesión continua de mentiras. Illa y Simón no son más que los portavoces de un engaño masivo a los ciudadanos. Y sostener que «la desviación es ligera», como hizo ayer el ministro con un desahogo indignante para los miles y miles de ciudadanos que han sufrido la pérdida de familiares, raya casi en la prevaricación. Proporcionalmente, España es uno de los países más castigados por el coronavirus, y también uno de los más ineficaces a la hora de afrontarlo. Tratar de encubrir los abusos del estado de alarma, la descoordinación, la falta de protección de los sanitarios, la imprevisión, y las carencias legislativas maquillando a sabiendas el número de muertes es una indignidad política. Si no, no es entendible por qué el Gobierno no explica cuál el motivo de ocultar cuatro de cada diez muertes durante la primera ola. La única certeza que acredita ahora el INE es que Moncloa puso en marcha una maquinaria de manipulación y encubrimiento de la verdad que hoy sigue vigente.

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