Enfoque
Hágase okupa de su propia casa (II)
El dueño termina en comisaría

Ojo que le van a denunciar... Se lo advertíamos desde esta misma página a Manuel, el señor de Mataró que, aprovechando que los okupas de su vivienda alardeaban en las redes sociales (¡unos linces!) de que se habían ido de vacaciones a Ibiza, entró en « ... su» casa, recuperó la propiedad y uso de «su» inmueble y cambió la cerradura para que los rumbosos veraneantes no pudieran volver a entrar. Y ya puestos y como no se fiaba del todo, tiró de cemento y paleta y tapió la puerta por si acaso. Ya ven, un manitas Manuel... que ahora, y como ya vaticinamos, ha sido denunciado por los okupas ibicencos y citado a declarar en la comisaría de los Mossos de Mataró. El mundo al revés. Más de cuatro años llevan sin pagarle el alquiler acordado y al final quien termina dando explicaciones a los guardias es el propietario y no quienes le deben no menos de 20.000 euros (descontando lo que se hayan gastado en las vacaciones). Naturalmente que el «método Manuel» no es en absoluto el ideal, y que teniendo en cuenta el altísimo volumen de viviendas ocupadas en España (se habla de en torno a las 100.000) y considerando el chungo pelaje de buena parte de esos okupas, el «método Manuel» puede terminar como el rosario de la aurora. Lo grave es que para muchos propietarios, hartos del choteo de los usurpadores y desesperados por la lentitud con la que los juzgados les devuelven el derecho a disponer de su propiedad, la única solución sea el «método Manuel». Estos días aparecen en numerosos medios los okupas y la mayoría de los testimonios que aportan confirman que se sienten tan protegidos por el sistema que confiesan sin pudor la ocupación. Los más (digamos) transigentes ofrecen al propietario su salida si este les facilita otro lugar donde vivir, de tal forma que pretenden que se convierta en su agente inmobiliario pues el problema siempre es del dueño nunca de ellos.
La izquierda se mueve de manera muy incómoda en este debate pues muestra una simpatía casi mitocondrial hacia el fenómeno de la ocupación. En Podemos, incluso, ese cariño simpático se convierte en admiración. Resulta un sarcasmo, por ejemplo, escuchar a Pablo Iglesias dar la cara por los okupas hablando de «emergencia habitacional» o de «exclusión residencial» [otro día hablamos de estos neologismos-pamplina] para justificar el statu quo legal que entorpece el derecho a la propiedad privada que en todo este marasmo propicia que el dueño de facto sea un tipo que le dio una patada a la puerta y se hizo fuerte en una casa ajena. Quizá Pablo comente con Irene lo de la «emergencia habitacional» sentado en el bordillo y chapoteando los pies en la piscina, mientras la Guardia Civil custodia la dacha de Galapagar.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete