Enfoque
Acatamiento de la Carta Magna
La España del desafuero
Calificar de esperpento lo sucedido ayer en el Congreso y el Senado es tanto como conformarse con la teoría de la ensoñación que el Supremo estableció para explicar el golpe de Estado de Junqueras y Puigdemont, una vía que conduce directamente a la desdramatización de ... la cosa pública, que es el paso previo a la normalización que receta el Gobierno en funciones. En palabras de Meritxell Batet, que en la Cámara Baja hace las veces de Paz Padilla en «Got Talent», se trata de dejar a un lado «una interpretación excluyente de la Constitución frente a otra integradora». Batet aprieta el botón dorado, dale que te pego, hasta que le sale un callo en el dedo índice. Todos aprobados, aunque juren en arameo.
El deterioro de las instituciones no es patrimonio exclusivo de quienes quieren echarlas abajo, sino de los que consienten que las utilicen para hacer, como ocurrió ayer en las Cortes, apología pública del delito. La integración de Batet es la complacencia de Sánchez y el silencio de una izquierda a la que no le basta con negociar lo innegociable, sino que se empeña en explicar lo inexplicable. Las apuestas múltiples que de Vox al PSOE se cruzaron durante la elección de los miembros de la Mesa del Congreso no pasaron de ser ayer la materialización de una combinatoria parlamentaria sesgada por el chantaje, el plante y la adhesión a cobro revertido, un juego en el que los cordones sanitarios son de quita y pon y los martirios se escenifican con barroquismo arrebatado, con la españolidad doliente que pregona y sobreinterpreta Vox. El recital de acatamientos que siguió a la quiniela, sin embargo, supera el menguante umbral de la ética de los partidos para atentar contra la propia dignidad de la soberanía nacional que amparan las Cortes.
«Por la libertad de los presos políticos y hasta la constitución de la república catalana», «Hasta la creación de la república vasca», «Hasta lograr una Navarra soberana y una Euskal Herria libre»... Batet no deja de pulsar el botón dorado que legitima el desacato. Ni siquiera lamenta la elasticidad normativa que permite tanto desafuero. Como profesora de Derecho Constitucional, la presidenta del Congreso conoce el paño de una Carta Magna de cuya interpretación integradora depende el éxito de su propia quiniela.
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