pazguato y fino
Por partida doble
Como manda el manual del político profesional, la culpa siempre es de un tercero, en este caso la Xunta
En todo tema de aguas que se precie, lo importante es esperar a que dejen de bajar revueltas, regresen a su cauce y posteriormente extraer conclusiones. En el caso de Ferrol, a lo que hubo que aguardar fue a su salubridad. No fue la sangre lo que llegó al río, sino el trihalometano, y de allí no había quien pudiera beber. El presidente de la empresa que gestiona el agua en Ferrol no se enteró por los técnicos de su propia casa, sino por un tercero. Imagínense el sainete. Y como manda el manual del político profesional, la culpa siempre es de un tercero, en este caso la Xunta, ese enemigo al que imputarle todas las responsabilidades propias para que cargue con el cabreo de una ciudadanía a la que no se le ha dicho la verdad.
Porque el presidente de Emafesa y el responsable último del agua que sale por el grifo en Ferrol es el alcalde que esté en cada momento, sin excusas que valgan acerca de su toma de posesión formal. Porque Ferrol tenía un plan de emergencias que no se activó no por tratarse de una situación supramunicipal, sino porque el propio alcalde ignoraba su existencia, en un alarde de conocimiento y profesionalidad. Quizás es lo que cabe esperar de un activista malmetido a gestor. Y por encima de todo, porque el Ayuntamiento tenía el 14 de julio un papel oficial dirigido al alcalde en el que decía que el agua superaba los niveles máximos permitidos de trihalometano para ser potable.
Faltaba en el culebrón acuático su socia de gobierno, Beatriz Sestayo, la acumuladora oficial de cargos en el PSOE ante el pasotismo —¿o es incapacidad?— de su partido para aplicar sus Estatutos. Tras su habitual torrente de improperios parecía que relucía la mala conciencia de quien se sabe cómplice necesaria para que Suárez sea alcalde. Fue su voto y no el de los ferrolanos el que llenó el ayuntamiento de amateurs.
Pero en política casi nada es lo que parece. Faltaba hurgar un poquito más para que saliera a relucir otro hecho curioso: el concejal de servicios encargado —entre otras cosas— del abastecimiento del agua, Bruno Díaz Doce, es casualmente primo de Sestayo. Y la familia no se toca, hasta ahí podíamos llegar. Es así entendible que antes de censurar al alcalde que eligió o al concejal que nombró prefiera atacar a la Xunta. Sonroja menos.
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