Pazguato y fino
Sonrojos catedralicios
A Castiñeiras lo pillaron porque su odio al exdeán le llevó a robar el Códice
La Catedral no está saliendo bien parada del juicio del Códice. El borroso retrato que ya teníamos de la institución y que conocimos tras el robo no era el mejor, pero los detalles que estamos conociendo estos días exigen algo más que meras apelaciones a la buena fe cristiana.
No es de recibo que durante diez años se estuviese robando de las arcas catedralicias y hubiera un administrador que ignoraba las advertencias del contable . Si esta persona hubiese obrado con diligencia y profesionalidad, se habría evitado el desfalco de Castiñeiras, que cada año sisaba un poquito más , viendo que nada pasaba en la santa casa del Apóstol.
Inventarios que nunca se hacían, arqueos mensuales necesarios pero pocas veces realizados, seguridad inexistente o de deficiente mantenimiento y, lo que genera más dudas, negligencia reiterada que lleva a preguntarse si había algo más, si la opacidad era casual o no.
Hay una certeza que este proceso judicial está generando: a Castiñeiras lo pillaron porque su odio al exdeán le llevó a robar el Códice. Sin ese traspiés, quién sabe si hoy seguiría visitando el Archivo y saqueando su patrimonio. Y mientras tanto, entre todos estaríamos pagando la restauración de una Catedral que no llegaría a fin de mes.
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