HORIZONTE
El debate disparate
No es que García-Margallo se haya pegado un tiro en el pie, es que se lo ha dado en el tobillo
Mariano Rajoy gusta utilizar el adjetivo «disparate» para definir algunos de los sin sentidos que abundan en la política española. Lástima que no haya recurrido a ese término para definir la iniciativa de su ministro de Asuntos Exteriores de acudir a Barcelona a debatir con el número cinco de la lista de Juntos por el Sí. Es posible que se puedan hacer las cosas peor, pero no debe de ser nada fácil.
Ya sabemos que el independentismo catalán lleva años con la cantilena de que los del PP son «máquinas de fabricar independentistas», argumento que choca con el hecho de que en los medios que controla la Generalitat su presencia esté casi vetada. TV3, la televisión pública más sectaria de Occidente, debería tener presencia fija de políticos del PP y de periodistas con argumentario afín a sus tesis si de verdad ayudan al auge del independentismo. Sería lo más coherente con su línea editorial. Pero eso no ocurre, claro.
En cambio, los independentistas del sector Esquerra, sí han creído que debatir con García-Margallo les da una oportunidad. Y como la televisión pública tiene fijadas por ley las condiciones de los debates, han acudido a TV8, la cadena del grupo Godó, a la que quiero felicitar porque periodísticamente éste probablemente sea el debate más interesante de la campaña. Entre otras cosas, porque nunca antes habíamos visto uno en el que la mera alineación de los contendientes representase, antes de empezar, una clara victoria para una de las partes.
El Gobierno y el PP han seguido una línea argumental en la campaña defendiendo que una elección autonómica nunca es un plebiscito, y frente a eso, García-Margallo se despachaba ayer en ABC diciendo que «Iré al debate con Junqueras porque lo que más me preocupa es la unidad de España». Es decir, que en contra de la tesis de campaña del PP, sí está en juego la unidad de España. No es que se haya pegado un tiro en el pie, es que se lo ha dado en el tobillo. Añadamos a ello el que debatir con Junqueras o cualquier otro candidato independentista es muy conveniente por parte del PP. Pero de candidatos del PP –o del PSC, o de Ciutandan’s– que concurran a estas elecciones. No de ministros del Gobierno de Madrid. Y de haber un ministro que pudiera tener voz en este entierro, nunca puede ser el ministro de Exteriores, que es justo lo que el independentismo quiere exhibir. En todo caso el ministro del Interior, que es el directamente concernido por el embate del rupturismo. Y encima, se da la circunstancia de que el titular de esa cartera es catalán y diputado por Barcelona. Pero debe tener un poco más de sentido común que su colega en el gabinete.
Uno de los previsibles minutos de gloria del debate será cuando Junqueras saque a relucir las declaraciones de su rival de días atrás cuando defendió en Barcelona una ampliación de las competencias de la Generalidad en clara contradicción con la línea de su partido y en sintonía con postulados de los soberanistas. Esta semana dos ex altos cargos públicos del PP de la maximísima relevancia me decían que ellos se temían que esas declaraciones fuesen en realidad un globo sonda...
Habrá quien diga que la dirección de la campaña y el propio Rajoy deberían haber prohibido a García-Margallo acudir al debate. Pero ya era imposible. El ministro se había embarcado en este disparate por su cuenta y para riesgo de todos. Y cuando ya había aceptado ir, ordenarle no hacerlo hubiera dado la victoria al rival por incomparecencia. Y todos sabemos cómo se vende ese producto en los medios afines al independentismo.
Es que no se calla ni debajo del agua...