COSAS MÍAS
Un frente de derechas
El PP tendrá que hacer el frente de derechas consigo mismo, como siempre, y si le dan los escaños
¿Un frente de derechas? ¿Tras las elecciones andaluzas? ¿Tras las generales? Por supuesto, tal posible frente es pura ciencia ficción en la política española. El titular es una provocación intencionada para destacar precisamente esa imposibilidad en relación con lo que sí podría producirse tras las andaluzas o tras las generales, un frente de izquierdas, entre el PSOE, Podemos e IU.
Y no habrá tal frente de derechas, más que nada porque, fuera del PP, no hay un solo partido que se diga de derechas. Más allá de Vox, al que no le auguran escaño alguno las encuestas. Para entender el problema identitario de la derecha, comenzando por la resistencia al uso de la propia palabra, baste pensar que la nueva estrella emergente, Ciudadanos, y la pasada cuyo protagonismo viene a sustituir, UPyD, huyen de la identificación con la derecha. Se esfuerzan, de hecho, en evitarla, como si tal cosa les espantara. O como si pensaran que puede espantar a sus votantes. Dicen bastantes cosas muy parecidas al PP, la gran mayoría, de hecho, comenzando por una de las señas de identidad de la derecha, la defensa de la nación española, y, sin embargo, rechazan cualquier inclusión en la derecha. En la teoría y en la práctica.
No es casualidad que el cabeza de lista andaluz de Ciudadanos, Juan Marín, lleve años gobernando con el PSOE en su pueblo y que, a las preguntas sobre posibles pactos, haya descartado al PP pero se muestre abierto al PSOE. Ciudadanos, o bien apela al centro, o a la pluralidad ideológica o al progresismo. Cualquier palabra menos derecha. Y lo mismo es aplicable a UPyD, incluso de manera más acusada, con varios líderes que muestran simpatías hacia la izquierda, Irene Lozano, Toni Cantó, y que se sienten enormemente incómodos ante el concepto derecha. En otras palabras, que el PP tendrá que hacer el frente de derechas consigo mismo, como siempre, y si le dan los escaños. O, es posible, con Ciudadanos y UPyD, pero tras una clara renuncia a cualquier reivindicación de valores e ideas de derechas. No como un pacto o frente de derechas, como un pacto de valores, sino como un acuerdo de gestión.
Hace poco reproché a un líder del PP la escasa disposición de su partido a usar la palabra derecha, a lo que me respondió que, lamentablemente, dicha palabra aún tiene una carga negativa en la sociedad española. Y, a juzgar por lo que está pasando con Ciudadanos, quizá no tenga más remedio que darle la razón. Cuando, por ejemplo, significativos periodistas e intelectuales más de derechas que otra cosa se entusiasman por un partido que hace bandera de la indefinición ideológica y de la distancia con la derecha, pero no con la izquierda.
«La derecha política debe volver a ser la derecha ideológica», proclamaba el editorial de este periódico el domingo («La derecha necesaria») en una exigencia que yo misma he hecho alguna vez. O que no basta la eficacia de la gestión y que el PP ha descuidado el mensaje ideológico. Y, sin embargo, una buena parte de quienes van a abandonar al PP para votar, dicen, a Ciudadanos, no lo van a hacer precisamente en busca de reafirmación ideológica de derechas. Y los que dudan y se queden a última hora en el PP lo van a hacer por la eficacia de la gestión. Esta es la contradicción y la gran dificultad para la derecha. Cuando gana, lo hace por la gestión, y en pelea consigo misma y con sus votantes por la ideología.