Carlos III y el Príncipe Guillermo visitan la cola de la capilla ardiente

En medio de accesos restringidos y altares improvisados, el Rey y el heredero al trono saludaron a algunas de las personas que estaban haciendo la kilométrica cola

El Rey Carlos y Guillermo de Gran Bretaña , Príncipe de Gales Reuters
Angie Calero

Angie Calero

Enviada especial a Londres

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Después de una semana de lluvia y ml tiempo, Londres ha amanecido hoy bajo un sol radiante que invitó a más personas de las que se esperaban a acercarse hasta la cola de la capilla ardiente de Isabel II. Algunos visitantes llevaban a mediodía más de diez horas esperando para despedirse de la Reina cuando, a la altura del Palacio de Lambeth, vieron llegar a Carlos III de Inglaterra junto a su hijo Guillermo de Gales. El Rey y el Príncipe saludaron a algunas de las personas que estaban haciendo la kilométrica cola y les agradecieron la espera y el cariño hacia la Reina.

Tras la visita de Carlos III y el Príncipe de Gales, en la página web donde el Gobierno británico informa sobre la evolución de la cola para entrar en la Abadía indicó que la espera había pasado de 14 a 24 horas, de ahí que durante varias horas la Policía Metropolitana impidiera que a los visitantes que seguían llegando sumarse a la cola. Aunque luego se volvió a abrir, a mitad tarde sí que se anunció el cierre definitivo de la cola para personas con movilidad reducida, ya que se habían asignado todas las horas pendientes hasta el lunes a las 6:30 horas, cuando cerrará la capilla ardiente.

Estas colas no fueron las únicas que se cerraron. Las imágenes que a través de las televisiones y de los medios digitales llegaban ayer desde Londres, en las que se podía ver las zonas aledañas al Palacio de Buckingham y Green Park llenas de gente, no mostraban ni una décima parte de las multitudes que llegaron al centro de la capital británica desde distintos puntos del país.

Miles y miles de personas con ramos de flores intentaron llegar a estos dos puntos y no tuvieron éxito: los accesos se cerraron por seguridad en tres ocasiones y durante varias horas a lo largo del día. Surgieron así altares improvisados que se extendieron más allá de los muros de Green Park y Buckingham, que se llenaron de imágenes, dibujos, flores y más flores y dedicatorias para la Reina: «Gracias por todo lo que has hecho por nuestro país. No me puedo creer que te hayas ido. Descansa en paz, Ma'am. Espero que los ángeles te protejan a ti y al Príncipe Felipe».

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