La pandemia agudiza el ingenio humano para adaptarse a la nueva normalidad
¿Quién dijo que había que quitarse la mascarilla para comer? Sólo hacía falta estrujarse un...
¿Quién dijo que había que quitarse la mascarilla para comer? Sólo hacía falta estrujarse un poco el cerebro y una pinza. El confinamiento nos ha dado tiempo para buscar todo tipo de sustitutos a nuestras manos. Tiempo para encontrar la pieza que le faltaba al esnórquel para convertirse en una mascarilla de alta protección. Y también para conseguir que las cenas sean mucho más íntimas. A grandes problemas, grandes soluciones. Y hay algo en particular que estos meses se ha metido hasta el fondo de nuestras vidas, la tecnología vigila nuestros movimientos y los de nuestra temperatura. Y cuidado, porque los robots llegan fuerte al mercado laboral, preparan todo tipo de comidas, sin posibilidad de contagio y con contacto directo con los clientes. Desinfectan ellos solitos nuestros espacios y por si acaso también nos duchan con ozono a nosotros.-Redacción-