Ningún sirio entre los primeros «ilegales» devueltos por Europa
La vigilancia en la operación fue máxima: un guarda por cada uno de los 202 emigrantes enviados a Turquía desde dos islas griegas

El polémico acuerdo entre la Unión Europea y Turquía para gestionar la crisis de los refugiados ya ha entrado en su fase final. Las primeras personas devueltas de Grecia por haber entrado ilegalmente en su territorio llegaron ayer a la pequeña población turca de Dikili escoltados por funcionarios de Frontex, la agencia europea para las fronteras. La vigilancia fue máxima: un guarda por cada inmigrante. Algunos de los agentes decidieron colocarse mascarillas.
Procedentes de las islas de Lesbos y Chios , tres embarcaciones atracaron en la mañana de ayer en el puerto de esta localidad, en el oeste del país euroasiático. Dos patrulleras turcas y un helicóptero completaban el convoy.
Al contrario de las 500 personas sugeridas el día anterior por las autoridades, la cifra final de expulsados fue de 202. Según confirmó ayer el ministro turco para asuntos europeos, Volkan Bozkir , entre ellos no había ningún sirio. Un portavoz de Frontex indicó que se trataba principalmente de ciudadanos de Pakistán.
La expectación era máxima. A un lado del pequeño puerto, unos doscientos periodistas trataban de no resbalar en el espigón desde el que esperaban la llegada de los barcos. No obstante, la transparencia y la información fueron las grandes ausentes de la jornada.
A pocos minutos de que desembarcaran, los operarios del puerto colocaron una lona azul sobre la valla que impedía ver las tiendas en las que iban a ser registrados los inmigrantes. El mismo procedimiento se realizó para que la prensa no pudiera ver cómo salían de las embarcaciones.
Al otro lado de las instalaciones, acodados sobre la barandilla del paseo marítimo, una decena de jubilados turcos también mantenían la atención en el Nazli Jale , el primero de los ferris que transportaron a los expulsados. A las 09:20 hora local (una hora menos en España) atracaba la embarcación, normalmente utilizada para transportar turistas que desean visitar un país, en vez de emigrantes que huyen del lugar donde nacieron.
«Aquí no cabemos todos»
Entre la prensa y los vecinos curiosos, un camión antidisturbios velaba la entrada al puerto, que se mantenía cerrado a todas las personas que carecían de permiso oficial. Dentro se podían observar autobuses y ambulancias.
«Aquí no cabemos todos. Dikili es muy pequeña para tantos refugiados», decía uno de los señores que observaban desde la distancia. Es el mismo sentir de otros muchos vecinos de Dikili. En los últimos días se han visto aquí manifestaciones y recogidas de firmas en contra del establecimiento de un campamento de refugiados.
Parece que no tienen mucho por lo que preocuparse. El paso de los inmigrantes por esta localidad fue visto y no visto. Desembarcaron de uno en uno, acompañados por una escolta policial que se mantuvo hasta que subieron a los autobuses que les esperaban. Diversos informaciones señalan que el destino de los autocares es un centro de deportación en Kirklareli , cerca de la frontera con Bulgaria. Al menos uno de los autocares efectivamente abandono Dikili en esa dirección.
El pabellón deportivo de la localidad, lugar que ha acogido durante los últimos meses a refugiados interceptados por las patrulleras turcas, se mantenía ayer vacío. Los vecinos aseguran que los últimos inmigrantes estuvieron allí el pasado sábado.
El comienzo de las expulsiones no ha detenido las llegadas a Grecia. Este es el objetivo final del acuerdo de la UE, que hasta el momento no muestra señales de efectividad. Las autoridades devolvieron ayer a 202 personas, mientras que el día anterior consiguieron alcanzar las islas helenas 262, según datos de ACNUR.
Fuentes conocedoras de las rutinas de los traficantes de refugiados cuentan a ABC que sí se ha notado un descenso de su actividad desde que se activó el plan. También se muestran ahora más reacios a hablar con la prensa. Aun así, los agentes de seguridad turcos no consiguen evitar que la gente se siga embarcando en pateras.
Ayer por la mañana, sin ir más lejos, unos 50 paquistaníes fueron rescatados por una patrullera turca. A espaldas de los centenares de periodistas que fotografían y grababan cómo llegaban los ferris, estos hombres esperaban sin saber a dónde les iban a trasladar. Todos los expertos consultados coinciden al señalar que creen que este acuerdo no detendrá la llegada a Grecia de refugiados e inmigrantes.
Presión sobre Atenas
Por otra parte, y según informa Begoña Castiella desde Atenas , las próximas devoluciones de quienes han solicitado asilo y han visto denegadas sus solicitudes por Grecia comenzarán nada más ponerse en aplicación las medidas legales y otras que fueron aprobadas en el parlamento el pasado viernes. Las autoridades encargadas del proceso de asilo se encuentran ahora presionados para procesar las solicitudes lo antes posible.
Maria Stavropulu, que encabeza el servicio de asilo griego, declaró que «se nos está presionando de forma insufrible para reducir nuestros estándares y minimizar las garantías del proceso de asilo».