Detenido un exministro socialista de Portugal por sospechas de fraude y blanqueo de capitales

Manuel Pinho, que reside en Alicante, ejerció durante el mandato de José Sócrates como titular de Economía

El exministro Manuel Pinho Reuters
Francisco Chacón

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El exministro socialista Manuel Pinho ha sido detenido en Lisboa por graves indicios de fraude fiscal y blanqueo de capitales. Ejerció como titular de Economía en Portugal cuando el primer ministro era José Sócrates, hoy en espera de juicio por una ristra de cargos por corrupción contra él, y ahora se da la circunstancia de que había comparecido ante el tribunal que juzga el llamado ‘caso EDP’, referido a la investigación por contratos para la venta de electricidad en la emblemática empresa Energías de Portugal.

De manera que acudió a prestar declaración en relación a un oscuro asunto con fondos procedentes del extinto Banco Espírito Santo… y salió con nuevas acusaciones sobre él.

Si Pinho, que reside en Alicante, resultó detenido se debe a que el juez ha considerado que existe un doble riesgo: el de posible fuga del país y el de una hipotética destrucción de pruebas.

El ‘ caso EDP ’ incluye presuntos favores millonarios a la hora de adjudicar la venta de la electricidad. Tan millonarios como que implica un volumen global superior a los 1.200 millones de euros, detrás de los cuales se sospecha que se encontraba la intervención del exministro de Economía.

La compleja trama, todavía no aclarada del todo, ponía en marcha su engranaje cuando el anterior presidente del Espírito Santo, Ricardo Salgado, daba órdenes para que realizaran los pagos, sin olvidar que la entidad bancaria era accionista de la propia EDP .

Por tanto, se confirma que los presuntos indicios corruptos no afectaban única y exclusivamente a Sócrates, sino que podía haber salpicado a diversos miembros de su gabinete.

La detención de Manuel Pinho se produce en un momento muy inoportuno para el socialismo portugués, ya que no solo pesa como una losa sobre él la actuación del Gobierno de José Sócrates (considerado en su momento el Zapatero luso), sino que su imagen se ve dañada de nuevo a falta de un mes y medio para las elecciones generales anticipadas del próximo 30 de enero.

Un nuevo revés para António Costa

Estamos ante el tercer revés consecutivo que sufre António Costa mientras persigue la reelección, pues el ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita , tuvo que presentar su dimisión debido a las consecuencias de un atropello mortal en el que se vio involucrado su vehículo.

Aquellos hechos sucedieron el pasado 18 de junio, cuando viajaba en su automóvil a través de la autopista A-6, que une la región del Alentejo con la frontera española. Su chófer conducía a 165 kilómetros por hora, con lo cual incumplía las normas de tráfico, y acabó provocando, con una brusca maniobra, la muerte de un operario que se encontraba trabajando en las obras iniciadas en la carretera.

Entonces, como ahora, el accidente saltó enseguida al primer plano de la actualidad en Portugal y comenzó a desatar miles de comentarios en las redes sociales que pedían la dimisión de Cabrita, sobre todo porque él siempre se refería a sí mismo como un pasajero y porque el tramo por el que circulaban no estaba bien señalizado, según afirmaba.

Pero el informe oficial subsiguiente contradijo la versión ofrecida por el político socialista y la Fiscalía no dudó en anunciar que el conductor será procesado por «homicidio imprudente».

La oleada de solidaridad con la familia de Nuno Santos no dejó de crecer y las presiones sociales hacían ya insostenible la situación del ministro de Administración Interna, cuya actitud un tanto arrogante en estos meses no ha gustado nada a los portugueses. La imagen del Gobierno socialista no hacía más que verse perjudicada, lo cual motivó que Costa decidiera sacrificarlo con tal de no enturbiar más el camino preelectoral.

Ahora la encrucijada solo hace que ensancharse para el partido con sede central en el Largo do Rato. Y es que llovía sobre mojado y sus habituales socios de la izquierda radical dejaron tirado al Ejecutivo en la votación por los Presupuestos Generales del Estado. De ahí proviene el ‘agujero’ institucional que se saldó con la disolución del Parlamento y la convocatoria de los comicios legislativos .

Desde entonces, los socialistas no levantan cabeza, de modo que tendrán que hacer equilibrismo político para no perder el compás en estas escasas semanas restantes.

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