Brasil cierra el año con más de 200.000 muertes por coronavirus

El presidente Jair Bolsonaro, que menospreció la gravedad de la pandemia, sigue evitando la mascarilla, y dice que no se vacunará «por estar inmunizado»

Jair Bolsonaro, en un acto en Brasilia AFP

Por Cesar Baima

A camino de las 200.000 fallecidos al entrar el nuevo año y con más de 7,3 millones de casos, Brasil es el segundo país con más muertes y el tercero en número de casos confirmados de Covid-19 en el mundo, detrás apenas de Estados Unidos en la primera estadística y de la superpoblada India en la segunda. Brasil no llegó a este triste puesto por casualidad. Se trata de una tragedia de errores en varios actos, cuyo personaje central ha sido el presidente Jair Bolsonaro .

Negacionista, Bolsonaro ha calificado más de una vez la enfermedad como una «gripecita» . Negligente, menospreció las máscaras y provocó aglomeraciones. Vanidoso, cambió a dos ministros de Sanidad que le hacían sombra, ambos médicos, por el obediente general, Eduardo Pazuello . Irresponsable, promovió tratamientos como el uso de cloroquina , sin ninguna prueba científica. Inepto, no ha demostrado el liderazgo tan necesario para que el país enfrente la crisis sanitaria.

Como resultado, Brasil entra en una segunda ola que sigue sin control con el peor promedio de muertes desde mediados de septiembre y datos diarios que superan las 900 muertes, más precisamente, 968 el martes.

Sin una comunicación clara del Gobierno central sobre qué hacer para no enfermarse y morir, la población se ha visto abandonada a su propia suerte. Algunos gobiernos regionales, como el de São Paulo o Maranhão, tomaron la delantera y adoptaron medidas para contener la enfermedad. El cierre de escuelas y tiendas y las restricciones al movimiento de personas, entre otros, ayudaron a evitar un colapso generalizado de los sistemas de salud en gran parte del país en la primera ola de la pandemia.

Pero no todos entendieron la importancia y efectividad de estrategias como el distanciamiento social. El fardo económico de las medidas restrictivas también comenzó a pesar, aumentando la presión por un relajo apresurado . Estimulados por el mal ejemplo presidencial y cansados del encierro, muchos salieron a las calles y descuidaron la prevención, llenando bares y restaurantes al acercarse la Navidad, que ahora en el repunte del virus han vuelto a sufrir restricciones.

Y con la salvación finalmente a la vista, en forma de las vacunas que comienzan a aplicarse en diferentes países del planeta, Bolsonaro vuelve a protagonizar un acto trágico. En vez de alentar a la población a apoyar la única salida racional de la pandemia, el presidente dice que quien se vacune corre el riesgo de «convertirse en cocodrilo» , mientras su gobierno falla en preparar una campaña de inmunización masiva sin comprar, al menos, jeringas ni aprobar hasta el momento ninguna de las vacunas que ya circulan por el mundo.

Sin máscara en todos los eventos públicos en que participa, Bolsonaro, que ya tuvo Covid-19, dice que está inmunizado y que no tomará la vacuna , estimulando la desconfianza y forzando a la Corte Suprema a sugerir medidas indirectas a estados y municipios, como prohibir la entrada a restaurantes a quien no pruebe que está inmunizado.

Y así sigue la tragedia brasileña del coronavirus, sin perspectivas de cómo y cuándo bajará finalmente el telón de este macabro espectáculo.

*Cesar Baima es periodista científico brasileño y editor asistente de la Revista «Questão de Ciência», una de las más prestigiosas del área en Brasil. Fue periodista especializado en ciencia del diario O Globo por más de 10 años .

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