Ucrania celebra el fin del conflicto de espaldas a Rusia
Estos días Kiev recuerda ante todo que vuelve a estar en guerra y que la derrota del nazismo no supuso ninguna liberación, sino el comienzo de la ocupación militar de las tropas del Kremlin
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Ucrania ha recordado que, además de haber sido uno de los escenarios más terribles de la Segunda Guerra Mundial cuyo final ahora se evoca, es el único país entonces implicado que vuelve a estar parcialmente invadido y en guerra. Así celebró ayer Kiev el aniversario. Con un concierto presidido por el presidente Petro Poroshenko y un mensaje omnipresente de equiparación de la lucha contra el nazismo invasor en la Segunda Guerra Mundial con la lucha contra el invasor de ahora, el ejército de la vecina Rusia que ocupa varias regiones y ha anexionado a Moscú una parte del territorio de Ucrania, la península de Crimea .
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Carteles y pancartas en la ciudad muestran la amapola adoptada del ceremonial del luto de los países anglosajones y las fechas de 1939-1945 para incluir aquellos dos años que Moscú olvida voluntariamente en sus celebraciones de la Gran Guerra Patria 1941-1945. Y es que la URSS antaño y hoy el presidente Vladimir Putin, que práctica una permanente rehabilitación y reivindicación de la Unión Soviética de Josif Stalin, no recuerdan aquellos dos primeros años de guerra en Europa porque Moscú no participaba en ella. Y no lo hacía porque era el gran aliado de la Alemania hitleriana con él que se había repartido amistosamente Polonia y los países bálticos. Esta verdad histórica vuelve a estar proscrita en un Moscú en el que se venden de nuevo bustos de Stalin desaparecidos en 1956, se han acuñado medallas y monedas de Lenin y la retórica triunfal de la Gran Guerra Patria resuena atronadora.
Doble capitulación
La capitulación incondicional de Alemania se firmó dos veces en 1945. El 7 de mayo lo hacía el general Alfred Jodl en Reims en el cuartel norteamericano del general Dwight Eisenhower. Y en la medianoche del 8 al 9 de mayo de 1945 lo hacia el mariscal de campo Wilhelm Keitel en el cuartel general del mariscal Georgui Zhukov en Berlín-Karlhorst. Por eso se celebró ayer con diversas ceremonias en todo el mundo, desde Berlín a Londres, de Washington a París, el fin de la Segunda Guerra Mundial y un día más tarde se celebrará hoy en Moscú el Día de la Victoria sobre el nazismo. Las diferencias son muchas más. Y comienzan con el periodo de guerra cuyo fin se conmemora. En Kiev, donde el rito soviético de esta celebración ha desaparecido por completo, se han adoptado las fechas aliadas y se celebra de manera sobria, civil y «occidental». Mientras, con 16.000 soldados, un inmenso despliegue y la presentación de nuevas armas, el desfile de hoy en Moscú vuelve a ser una demostración de fuerza militar amenazadora como en los tiempos más tensos de la Guerra Fría. Los dirigentes occidentales han rechazado la invitación de Vladimir Putin al desfile de Moscú.
Ucrania formó con Polonia y Bielorrusia el escenario más terrible de aquella guerra cuyo fin hace 70 años se recuerda. Si fue una guerra brutal en todos los rincones del continente y en todos sembró muerte y devastación, en estos tres países, dos de ellos entonces parte de la Unión Soviética, la crueldad en la lucha, el crimen y la destrucción superaron todo lo jamás visto y concebido. Porque en ellos se produjo el mayor despliegue criminal del nazismo, porque fue el escenario principal del Holocausto y porque el frente se movió a través de aquella región siempre con operaciones de tierra quemada en las que la consigna de matar y destruir era común a los ejércitos de Hitler y a los de Stalin. Hasta dejarla anegada en sangre como señala el historiador Timothy Snyder en su libro de referencia «Bloodlands» (Tierras de sangre). Kiev utiliza la conmemoración del fin de la Segunda Guerra Mundial –ya no es Gran Guerra Patria– para recordar ante todo que vuelve a estar en guerra. Y que la derrota del nazismo no supuso ninguna liberación sino el paso de una ocupación totalitaria al retorno de la otra, que ya era culpable en los años veinte de las terrible hambrunas provocadas por Moscú –la «Holodomor»– que causó en torno a siete millones de muertos.