Nazis y Aliados al acecho: así sobrevivió España a los planes de invasión de ambos bandos en la IIGM
La importancia del Estrecho de Gibraltar durante el conflicto hizo que la Península Ibérica estuviera amenazada por todos los combatientes

La reunión en Hendaya no salió como Hitler esperaba. Aquel 23 de octubre de 1940, el dictador nazi esperaba que España entrara en la Segunda Guerra Mundial del lado de las potencias del Eje, pero Franco se opuso. Es bien conocida la frustración del 'Führer ... ' tras el encuentro, cuando sentenció: «Antes de volver a pasar por eso, prefiero que me saquen tres o cuatro muelas». Uno de sus asesores, el Jefe de Estado Mayor, Franz Halder, había desaconsejado dicha colaboración: «España está tan deteriorada que resulta un socio político inservible. Hay que lograr los objetivos esenciales para nosotros, como Gibraltar, sin su participación activa».
En base a esto, Alemania planeó a continuación la conquista del peñón, para lo que Hitler llamó al entonces ministro de Asuntos Exteriores español, Ramón Serrano Suñer. La nueva reunión se celebró tan solo tres semanas después de Hendaya en Berchtesgaden, el refugio del 'Führer' en los Alpes suizos. «He decidido atacar Gibraltar. Tengo la operación minuciosamente preparada. No falta más que empezar y hay que empezar», fueron las apremiantes palabras del líder nazi, que en aquel momento dominaba ya toda la Europa centro-oriental y avanzaba inexorablemente por el continente. El plan llegó, incluso, a tener nombre: la 'Operación Félix'.
Estos dos episodios demuestran que España siempre estuvo en la cabeza de Hitler. La amenaza de una invasión sobrevoló sobre la cabeza del régimen franquista durante gran parte de la guerra. Gran Bretaña lo sabía, aunque su principal miedo entre 1940 y 1941 no fue tanto que Franco entrara en la guerra como que pusiera en riesgo su enclave de Gibraltar. Por esa razón, el gabinete de Winston Churchill barajó como una amenaza seria, durante esos años, que efectivamente Hitler lanzara sus tropas contra la península con el objetivo de arrebatarles la Roca y comprometer el control que los aliados tenían sobre el Mediterráneo. Fue ahí donde la diplomacia e inteligencia británica y estadounidense centró también sus esfuerzos en prepararse para esos escenarios.
Esa doble amenaza contra España se concretó en 1943. Los aliados pusieron en marcha su propia operación secreta, 'Backbone', que proyectaba la invasión de España en el caso de que, finalmente, Franco optase por apoyar a Hitler. El plan se formuló de acuerdo con lo esbozado por el general Dwight D. Eisenhower por parte de Estados Unidos en una carta al principal asistente militar de Churchill, el general Hastings Ismay. Ambos consideraban su diseño como prioritario, pues constituía el núcleo de la planificación militar con respecto a nuestro país en relación con la operación Torch, la misma que proyectaba el avance por el norte de África.

Ian Fleming
La planificación de Backbone no fue asilada. Se preparó junto a otras operaciones como Tonic, que planteaba la ocupación de las Canarias tras una invitación formal del gobierno español; Adroit, que contemplaba el mismo objetivo en el caso de un Franco hostil, y las denominadas XY y XZ, contra otros objetivos estratégicos en la Península. La invasión de España, por lo tanto, también estuvo en la cabeza de los aliados. Visto lo visto, parece un milagro que consiguiera no involucrarse en medio de ese juego ambiguo que el dictador español mantuvo en algunas fases de la guerra.
Backbone se puso en marcha con la participación del espía británico Ian Fleming, el mismo que después de la guerra se convirtió en un célebre escritor que dio vida al agente James Bond. En primer lugar, estuvo en Gibraltar para analizar la conducta de la dictadura franquista con respecto a los nazis. Y, después, por orden de Churchill, contactó con un geógrafo de la Universidad de Oxford, Kenneth Mason, para elaborar los mapas de las ciudades más importantes de España para la posible invasión, ya que los de la Primera Guerra Mundial estaban obsoletos o eran incompletos.
Toda esta cartografía fue desclasificada hace tres años por las universidades de Texas y Princeton, y a ella se agregó nueva información recabada sobre el terreno por confidentes y espías, así como imágenes aéreas realizadas por pilotos de reconocimiento de la Royal Air Force. También se obtuvo información a través de fotos tomadas por turistas británicos que habían viajado por Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, y que fueron solicitadas por el Gobierno en un anuncio en la BBC. En el de Sevilla, por ejemplo, señalaron los edificios principales de la ciudad, las estaciones de ferrocarril y otros objetivos militares, como las fábricas de armamento o los cuarteles de Intendencia de la Borbolla, el de Artillería junto a la Fábrica de Tabacos o el de Caballería.

Las baterías costeras
Aunque fue modificada posteriormente, en su planteamiento inicial la operación planeaba enviar al Marruecos Español, desde Inglaterra, dos divisiones denominadas 'Northern Task Force' (Fuerza de Ataque Norte), que tendrían que desembar en Tánger y Tetuán antes de que transcurrieran sesenta días desde el desembarco de los aliados en África. «El objetivo del plan era meridianamente claro y fundamental: inutilizar las baterías costeras que amenazaban el tráfico aliado a través el Estrecho de Gibraltar desde África y penetrar en el protectorado español», cuenta el libro coral 'Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Japón y sus relaciones con España entre la Guerra y la Postguerra' (Universidad Pontificia Comillas, 2016).
Como Eisenhower había previsto, si esa evolución se producía más allá de los primeros sesenta días transcurridos, no sería necesario enviar una fuerza suplementaria para hacerse con el Marruecos español, ya que las fuerzas desembarcadas originalmente bastarían para hacerse rápidamente con el protectorado. El paso siguiente sería conquistar el sur de la Península Ibérica hasta la barrera natural de Sierra Morena en el momento en que confirmaran que los nazis habían cruzado los Pirineos.
Los aliados creían que no tendría mucha resistencia por parte de España, pues su Ejército no estaba muy bien equipado tras los estragos causados por la Guerra Civil y en un país sumido en la pobreza. Franco habría podido movilizar, como mucho, 135.000 hombres de infantería: 99.000 de Marruecos organizados en siete divisiones, 11.000 tropas kalifianas y 25.000 más que se podrían añadir desde Madrid. Un número de soldados nada desdeñable, pero sin equipo moderno ni un buen entrenamiento. A esto se sumarían 200 carros de combate anticuados y una marina y aviación insuficientes e igualmente poco puestas al día.
Diplomacia
Para Backbone no sólo se tuvo en cuenta a España en lo militar, sino también en lo diplomático, un aspecto si cabe más importante ya que, mientras la operación Torch se fraguaba, la crispación política en el seno del franquismo apenas había amainado y era necesario atender a sus fluctuaciones. Esa excitación ya había explotado el 16 de agosto de 1942 con conocido como 'incidente de Begoña': cuando el ministro del Ejército, José Enrique Varela, y su comitiva fueron atacados a la entrada del santuario del mismo nombre en Bilbao por un grupo de falangistas exaltados, que arrojaron una bomba de mano a la multitud congregada. Se desató una tormenta política en la que estuvo en juego el inestable equilibrio entre el Ejército, la Falange y el poder del propio Franco.
El dictador, por su parte, tuvo conocimiento de la operación Backbone y de la posible invasión de los aliados en el caso de que diera un paso en falso con respecto a la Alemania nazi. Esa fue la razón de que se pusiera en guardia y ordenara construir a lo largo de la costa gaditana y onubense, así como en la ribera del Guadalquivir, una serie de búnkers en 1943. Quería estar preparado en el caso de que se produjera el mencionado desembarco aliado. De hecho, el 29 de noviembre todavía se difundía el rumor de que los alemanes preparaban 30 divisiones para invadir España.
Finalmente no hizo falta usar los búnkeres. El rumor fue pronto desmentido y el dictador español se dio cuenta de que Alemania tenía perdida la guerra y cambió su discurso. Hablamos del año en que se produjo la batalla de Stalingrado –la más sangrienta de la guerra, con una estimación de aproximadamente dos millones bajas entre soldados de ambos bandos y civiles soviéticos– y el fracaso de la columna del general nazi Erwin Rommel en el Norte de África. Fue entonces cuando Franco dio órdenes a los periódicos: había que apoyar a los aliados.
Eran tiempos malos para el Eje y España decidió reforzar aún más su neutralidad acordando con Portugal, entre el 18 y el 22 de diciembre de 1943, con Francisco Gómez-Jordana Sousa como ministro de Asuntos Exteriores, la formación del Bloque Ibérico. Una de las aspiraciones más pretenciosas de este fue intentar mediar en el conflicto para conseguir la paz entre Alemania, Estados Unidos e Inglaterra.
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