La causa secreta por la que Carlos III ha eliminado de su coronación un ritual con siglos de antigüedad
La ceremonia del homenaje, en la que la nobleza rinde pleitesía al monarca, no contará esta vez con la participación de los duques
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Sigue en directo la última hora de la coronación del Rey Carlos III de Inglaterra

El redactor de ABC se deshizo en elogios y derrochó adjetivos aquella jornada: «Un cortejo fantástico, la realización de un sueño, un cuento de 'Las mil y una noches'... Esto es la ceremonia de coronación regia. Ni hay palabras con que describirla, ni medio humano de retener todos los detalles». La llegada oficial al trono del rey Jorge V y la reina María de Teck aquel 25 de junio de 1911 copó el diario; las páginas rebosaron decenas y decenas de fotografías, crónicas y análisis de dentro y fuera del país. Aunque el evento no llegó a conquistar la portada, tomada por un combate de boxeo internacional en la capital española... No se puede tener todo.
Aquello fue un 'show' internacional y hay que contarlo todavía entre los más multitudinarios de la monarquía regia. Más de un siglo después, la historia se repite. Es lo que suele pasar con las tradiciones. Aunque, en este caso, el protagonista será Carlos III. El hombre a la sombra de Isabel II durante años se convertirá, este 6 de mayo, en el cuadragésimo soberano coronado en la Abadía de Westminster. Para colmo, el evento cuenta con ese puntito de novedad para muchos ingleses, ya que la de hoy es una ceremonia que muchos ciudadanos británicos no ven desde que Isabel II recibiese la corona en junio de 1953.
Este año, sin embargo, la impertérrita tradición inglesa sufrirá presumiblemente algunos cambios. Uno como mínimo. Según el 'Sunday Times', lo que ABC denominó aquel 1911 como la «ceremonia del homenaje» no contará con la participación de un invitado de postín. La decisión viene de lejos; el pasado enero, a raíz de las controvertidas memorias publicadas por Harry –tituladas en España 'En la sombra'–, fuentes de la familia real ya confirmaron al diario británico que el príncipe no tendría papel alguno en la coronación. Las miradas se centrarán, a nivel oficial, en su hermano. Algo inédito desde que Guillermo el Conquistador recibiera tales honores el día de Navidad de 1066.
Aunque lo cierto es que, desde enero, la noticia sigue rodeada de un halo de misterio e incertidumbre. Poco se sabe de ella, en definitiva. «Harry ha sido eliminado del guion de la coronación y no tendrá un rol oficial si asiste», señaló el 'Sunday Times' en enero. Su fuente, un miembro anónimo de la Familia Real, recalcó que el controvertido personaje había sido invitado a la ceremonia junto a su esposa, Meghan Markle, pero que sería aparatado. «Rompiendo con la tradición, Carlos III prescindirá del acto en el que los duques reales se arrodillan y rinden homenaje al monarca. Solamente Guillermo desempeñará a cabo ese papel», sentenció la publicación. La verdad la veremos hoy.
Homenaje tradicional
La ceremonia del homenaje es el ritual final de la coronación y, desde el siglo XI, se sucede después del 'Reconocimiento', el 'Juramento', la 'Unción', la 'Investidura' y la 'Entronización'. Cuenta, por tanto, con reminiscencias de la época medieval. Su finalidad es más que sencilla: honrar al monarca y jurarle fidelidad. En este caso, el foco se centra sobre los miembros de la realeza; entre ellos, aquellos que atesoran sobre sus hombros el título de duque. Según explica el ensayo de 1820 'Ceremonies and ancient customs observed at the Coronations of the Kings of England', el rito se sucede después de que el Arzobispo de Canterbury solicite al rey firmeza en su mandato.

Terminada esa exhortación, los 'pares' –los títulos nobiliarios que se crearon en Gran Bretaña e Irlanda a partir del siglo XIX– presentes rinden pleitesía al monarca de una manera concreta que detalla hasta la mínima expresión el mencionado manuscrito. Primero, el Arzobispo de Canterbury, arrodillado frente a Su Majestad, pronuncia unas palabras acompañado del resto de obispos: «Que la fe y la verdad sean para usted, nuestro Señor Soberano, y sus herederos, Reyes de Gran Bretaña». Tras pedir a Dios que le ayude en su camino al frente del país, el religioso se levanta de forma solemne y besa la mejilla izquierda del rey. Después, sus colegas hacen lo propio. El foco se centra así en la nobleza:
«Entonces, el primer duque, en su nombre y en el de los demás duques, se arrodilla y dice unas palabras […] Así mismo, el primer marqués rinde homenaje en su nombre y en el de los demás. Y lo mismo ocurre con el primer conde, el primer vizconde y el primer barón. Después de lo cual, los duques y las demás órdenes de la nobleza vuelven a ascender, tocan la corona que descansa sobre la cabeza del rey, prometiendo sostenerla con todo su poder, y besan la mejilla izquierda del Rey. Después de ser besados por el monarca, descienden».
Pero los besos no eran lo más rocambolesco de este curioso rito. Según queda recogido en el ensayo decimonónico, durante la ceremonia del homenaje era tradición que el Tesorero oficial arrojara entre el público «medallas de oro y plata preparadas para este propósito»; todas ellas, «donadas por Sus Majestades» para conmemorar la jornada. No escatimaban en gastos. También era habitual que, si existían perdones reales, se leyeran en ese momento. Todo ello, acompañado de música. «Mientras tanto, los caballeros de la Capilla Real y el coro de Westminster cantan y tocan junto este u otro himno como conclusión solemne», explica el texto.
Cambios de ayer y hoy
El ritual, no obstante, ha sufrido varias modificaciones a lo largo de las décadas. Ya en 1911, el cronista de ABC indicó en su artículo la extensísima lista de personalidades que homenajeaban al monarca después del Arzobispo de Canterbury:
«Los pares del reino cubren sus cabezas con las coronas que tienen en la mano, y el efecto es verdaderamente fantástico, maravilloso... Comienza el homenaje... El Rey, un poco pálido, sonríe en su trono de oro, el cetro en la mano derecha, el globo, cuajado de pedrería, en la izquierda... El primero que rinde pleitesía al Monarca es el heredero de la corona, el príncipe de Gales; luego avanzan los miembros de la Familia Real; más tarde, los jefes de cada Orden y la alta nobleza del reino... Todos se arrodillan y juran fidelidad al Rey».

Años después, en 1953, durante la coronación de Isabel II, fueron los duques los que cobraron una importancia capital en la ceremonia del homenaje. Aquel día, el par de mayor antigüedad presente en el rito fue el Duque de Edimburgo. Como bien explicaba el 'Sunday Times', subió los escalones del trono, se arrodilló ante la monarca, puso sus manos entre las de ella y pronunció unas palabras. A continuación, rozó la corona regia, besó su mejilla izquierda y se retiró. Tras ella arribaron los duques de Gloucester y Kent, ambos primos de mujer que había inspirado a los británicos a resistir durante la Segunda Guerra Mundial. Todos mostraron de esta guisa su lealtad.
Y así, hasta hoy. Este sábado, siempre según el diario británico, ha eliminado a los duques de la ceremonia del homenaje. Sobre el papel, para simplificar todo el proceso y adaptarse más a los nuevos tiempos. Aunque, en la práctica, no podría ser más adecuado para sus intereses. Y es que, entre aquellos que no podrán rendirle pleitesía en público se hallan el controvertido Harry –nombrado duque de Sussex tras su boda– o el príncipe Andrés –apartado de la vida pública tras verse relacionado en el caso Epstein–. A cambio, sí será acompañado por sus hermanos, Ana y Eduardo, con los que tiene una estrecha relación.