CÁDIZ, UNA PROVINCIA PARA COMÉRSELA
Vente a la Venta
Si en verano nos pirramos por un chiringuito de playa, en invierno tenemos que beber los vientos por una venta

«Llevaban muchos años siendo pareja, como en todas las relaciones con sus altibajos, pero en líneas generales, con muchas más luces que sombras. Cada uno de ellos llevaba sus manías neuróticas como podía. Ella con el orden y la limpieza no partía pera, él con el horario estricto para todo había momentos que era insoportable. En lo que sí coincidían era en el gusto por el rito semanal en época invernal. Nada más llegar el frio de enero tenían como norma coger su reluciente coche de más de diez años e irse de Ventas. Después de un desayuno campero con todos sus avíos, a veces incluso con zurrapa, buscaban un lugar, casi siempre en un cruce de caminos, que pudiera cumplir con sus expectativas de almuerzo de postín. Sus platos estrella eran el arroz con conejo de campo y el gazpacho caliente. Tanto habían festejado sus placeres domingueros que últimamente algunas parejas de amigos se habían sumado a su particular Ruta de Ventas».
Tradicionalmente las Ventas eran los sitios de hospedaje en siglos pasados. Estaban ubicadas estratégicamente, a la distancia precisa de los núcleos de población. Cuando el desplazamiento era por tracción animal servían de parada y fonda de diligencias, recuas y arrieros. El paso de tiempo, y las nuevas vías y formas de viajar han provocado que la mayoría hayan desparecido. Las que han tenido la suerte de ubicarse en cruces de caminos y en vía de mucho tránsito se han transformado en casas de comidas, que sin grandes pretensiones ofrecen productos de proximidad y con una elaboración tan tradicional como casera. Algunas incluso han llegado a superar sus expectativas convirtiéndose en lugar de culto culinario con sus productos estrella. Si en verano nos pirramos por un chiringuito de playa, en invierno tenemos que beber los vientos por una venta, de esas a las que se llega en coche, y que nada más entrar huele que alimenta.
Nuestra provincia es muy de Ventas. Algunas más que centenarias, como el «Ventorrillo El Chato» (1780). Para muchos historiadores en aquel lugar, a la salida de Cádiz por la carretera de San Fernando, tuvo su origen la famosa tapa, esa mítica forma de picar o comer que se ha convertido en toda una cultura gastronómica que hemos exportado mucho más allá de nuestras fronteras.
Los caminos de nuestra provincia están plagados de Ventas. Sin la intención de hacer un listado exhaustivo, baste con mencionar algunas a las que merece la pena destinar un fin de semana para probar sus productos.
De la Venta «El Raspa» en la Algaida de Sanlúcar de Barrameda, con sus productos de los navazos y las angulas, a la «Venta Melchor» en El Colorao en Conil de la Frontera, con sus famosas Rutas del Atún, de la Huerta y del Retinto. De la «Venta la Duquesa» en Medina Sidonia, con sus guisos de caza y su carrillada, a la «Venta Pinto» en la Barca de Vejer de la Frontera con su lomo en manteca de cinco estrellas. De la «Venta Esteban» con su Antojito, o la «Venta El Albero» con su berza gitana o su menudo, ambas en Jerez de la Frontera, a la Venta «El Frenazo» en Los Barrios con sus huevos al frenazo. De la «Venta Durán» en San José del Valle, con sus diferentes formas de preparar la carne de caza a la «Venta Manegor» de Trebujena con sus albures o robalos. De la «Venta Los Alamillos» de Grazalema con su rabo de toro, a la «Venta Las Acacias» en San Pablo de Buceite con sus guisos caseros, o la «Venta Correro» en Benalup-Casa Viejas con su jabalí con almendras. De la «Venta de Vargas» en San Fernando con sus papas aliñas, su bienmesabe y sus tortillas de camarones, historia viva del flamenco, a la «Venta Caracena» en la carretera de Alcalá de los Gazules a Arcos de la Frontera, lugar preferido del celebérrimo chef José Andrés, o la «Venta Patrite», también en Alcalá, con su gazpacho caliente servido en dornillo y son su mano de mortero.
Somos muchos los que estamos deseando que llegue el fin de semana para poder disfrutar de estas rutas gastronómicas, que sin grandes pretensiones se han convertido en la mejor forma de pasar un día festivo.
¡Qué os aproveche, merece la pena coger el coche!