Tras el confinamiento crece el interés por las escuelas que imparten sus clases en plena naturaleza

Cerca de 40 escuelas en España imparten este tipo de formación a niños de Infantil y Primaria

Laura Peraita

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Aprender en un bosque, en una playa, en una montaña, en un parque... Parece que el Covid-19 ha hecho más atractiva la idea de que los niños reciban clases en plena naturaleza como alternativa a los espacios cerrados en los que, además, es más fácil mantener la distancia de seguridad. Al menos así lo apunta Katia Hueso, cofundadora de la primera escuela infantil en la naturaleza de España, el Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes (2011), y vocal de la Asociación Edna de Educación en la Naturaleza, al asegurar que «tras el confinamiento ha aumentado notablemente la demanda de información».

Actualmente hay en España 4o escuelas que imparten Infantil y Primaria bajo esta modalidad educativa de estar todos los días del año al aire libre. «No nos asusta el frío, ni la lluvia, ni el calor. Cuando las inclemencias meteorológicas nos impiden estar a la intemperie optamos por ir al refugio que tiene cada escuela disponible», señala Hueso.

La lluvia o el frío no son un incoveniente para aprender al aire libre

La salud es uno de los principales beneficios asociados de trasladar el aula a la naturaleza. A corto plazo hay menos contagios que en una clase convencional, pero también hay muchas ventajas saludables a largo plazo . «Se fortalece el cuerpo y la motricidad gracias a que los niños se mueven más; respiran aire más puro; mejoran su visión porque cambian el foco continuamente y sus ojos se adaptan a distintas iluminaciones según sea el día, no a la que ofrece siempre la misma lámpara de una clase. Pero también la salud mental sale reforzada —matiza Katia Hueso— porque estar al aire libre siempre aporta mayor sensación de alivio, de libertad, de serenidad, de paz por el silencio...».

Unos mil niños se forman cada año en nuestro país de esta manera con una ratio de entre cinco a ocho niños por profesor, lo que facilita un seguimiento muy cercano y personalizado del estudiante. «Los beneficios cognitivos también son muy importantes. Nos diferencia que trabajamos por objetivos a través del juego libre, que es muy espontáneo. Son los propios alumnos los que se encargan de desarrollar sus habilidades sociales y se ponen de acuerdo en las reglas y en la negociación para planificar cómo conseguir la meta marcada por los docentes. Se trabaja mucho la escucha, el diálogo, la atención y concentración. Además, no se utilizan materiales determinados —como puede ser un juguete concreto—, sino lo que se encuentren al aire libre —un palo, una rama, una piedra...—, lo que ayuda a fomentar el lenguaje simbólico, la creatividad y la fantasía . Trabajar en la naturaleza no significa que estén corriendo todo el tiempo como muchos pueden llegar a pensar. Detrás de cada acción hay un programa pedagógico muy importante diseñado por un equipo docente que trabaja firmemente por la calidad de la enseñanza».

De momento, las escuelas de la naturaleza en España son una iniciativa privada, «lo que puede suponer un inconveniente para algunas familias, puesto que la mensualidad ronda entre los 200 y 300 euros», concluye Hueso.

Antecedentes

Para conocer el orígen de estas escuelas hay que remontarse a principios de los años 50 del pasado siglo. En Dinamarca hubo una gran demanda de escuelas infantiles para acoger a los hijos de mujeres que habían quedado viudas tras la Segunda Guerra Mundial y necesitaban incorporarse al mercado laboral. Debido a que no existían aulas suficientes, idearon un sistema de rotación mediante el cual un grupo pasaba algunos días en el aula y otros, al aire libre. Así es como surgieron las escuelas en la naturaleza modernas en Europa, hoy en día extendidas por todo el mundo.

En países con sistemas educativos de reconocida solvencia, como Suecia, Noruega, Alemania, República Checa, Reino Unido… estas escuelas están homologadas y las autoridades impulsan y apoyan su creación. En algunos de ellos, hasta el 25% de la población está escolarizada en estos centros.

Este modelo lleva, además, décadas implementándose en Europa, con especial incidencia en Reino Unido, donde existen centenares de espacios de educación en la naturaleza (Forest Schools) que tienen convenios con las escuelas cercanas. Aunque la etapa más habitual para practicar este modelo combinado es en infantil (0-6 años), hay muchos ejemplos de escuelas de Primaria e, incluso, Secundaria en intenso contacto con el medio natural (es el caso de las Waldschulen en Alemania o las escuelas I Ur och Skur en Suecia).

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