Madrid, destino estival

Jairo Máximo, corresponsal en España de la revista «Imprensa», cree que la capital es el lugar perfecto para pasar los meses de verano y disfrutar de su amplia oferta de ocio

Cine de verano en el parque de La Bombilla INMA FLORES

Jairo Máximo

Cuando descubrí Madrid, a finales de los años ochenta del siglo pasado, viniendo de Sao Paulo , la tierra de la garúa*, todos me decían que me iba a encantar el verano madrileño. Por supuesto que así fue.

Días largos a 40 grados a la sombra. Conciertos de música en Los Veranos de la Villa realizados en la muralla árabe. Las verbenas populares de San Antonio , en junio; y las de San Cayetano , San Lorenzo y La Paloma , en agosto. El cine de verano de La Bombilla . Las calimas que vienen de África. Los baldeos diarios de las calles para refrescar el ambiente. Las tranquilas visitas al Museo de Prado y al Jardín Botánico . El disfrute de preciosas plazas, sin terrazas y con aseos públicos. El aire cultural posmovida madrileña que se respiraba...

Sin gente, sin coches...

Al llegar los años 90, proseguí constatando in situ que Madrid durante los meses de verano era el lugar ideal si sabías aprovechar de las posibilidades que ella te ofrecía. Contemplar la emblemática Gran Vía -sin gente y sin coches- era una imagen cotidiana icónica. Oír el silencio en la hora de siesta era posible. Al mismo tiempo, los viernes los obreros de la construcción trabajaban solo hasta el mediodía, y no como ahora a cualquier hora del día.

Sin embargo, lo que más me llamaba la atención -para bien- era que cuando llegaba agosto se podía encontrar en cualquier rincón de la ciudad el cartel «Cerrado por vacaciones» . Era una tradición madrileña, me explicaban. «Hace mucho calor aquí y la gente se va de vacaciones a la playa o a su pueblo».

Llegado el siglo veintiuno, la esencia del verano continuaba siendo igual en la ciudad. Ni la llegada del euro y ni la globalización habían cambiado esta dinámica. Los carteles vacacionales continuaban repitiéndose año tras año. No obstante, a partir de 2008, como consecuencia de la crisis económica, que empezó en Estados Unidos, y alcanzó a España, Italia, Grecia y Portugal, todo cambió de golpe. Aquellos carteles fueron desapareciendo, y un nuevo estilo de vida se fue introduciendo en la sociedad madrileña.

Hoy en día Madrid está abierta 24 horas . Se vive la explosión del turismo, y el mercado inmobiliario está en alza. Los madrileños están perdiendo su hábitat natural. Sus plazas son bares terrazas. Asimismo, centenares de edificios residenciales viven la fiebre de los pisos turísticos, que en muchas ocasiones generan demasiadas molestias a los moradores de toda la vida.

Los ultramarinos de ayer hoy son panaderías que venden pan con «levadura madre». La antigua zapatería es un bar terraza que sirve desayuno, comida, cena… Y copa. Muchos cines ubicados en la Gran Vía, en este momento son tiendas de ropa. Las franquicias de todo tipo imperan en la almendra central y aledaños.

En fin, antes el verano madrileño tenía su encanto, o mejor aún, lo tiene para los nostálgicos.

*Garúa: lluvia fina que parece que no moja pero empapa. Sao Paulo es «a terra da garoa»...

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