La heredera de las galletas Bahlsen, ajena al pasado nazi de su familia
Verena Bahlsen, sobre los trabajadores forzados del nazismo en su compañía: «Los tratamos bien»
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Verena Bahlsen acaba de terminar sus estudios de Comunicación y ha fundado con dos amigas una web sobre alimentación sana. Además, su padre le ha traspasado una cuarta parte del imperio alemán de las galletas que lleva el apellido familiar, participación valorada en unos 600 millones de euros. «Pues no sé, ganar dinero, comprarme un yate… si ni siquiera sé qué querré hacer pasado mañana… ¡tengo 24 años!», comentaba el pasado fin de semana en una entrevista sobre sus expectativas y escandalizando al público cuando le era mencionado el pasado nazi de la empresa y la contratación de trabajadores forzados durante el III Reich. «Eso no forma parte de mi tiempo, esos trabajadores ya fueron resarcidos, los hemos tratado bien», respondió desacomplejada.
Sus palabras causaron tal aluvión de reacciones que Verena se ha visto obligada a pedir disculpas. «Fue un error amplificar este debate con respuestas irreflexivas. Me disculpo por eso », ha dicho en un comunicado. Y ha añadido: «Nada estaba más lejos de mi mente que quitarle importancia al nacionalsocialismo o a sus consecuencias». En una sociedad marcada a fuego por la culpa del nazismo, nadie hasta ahora había osado decir en voz alta lo que una generación de jóvenes alemanes siente de manera más generalizada de lo que se atreve a reconocer, que esa culpa le es ajena. «Debo admitir que necesito aprender más de la historia de la empresa cuyo nombre llevo», terminó Verena su acto público de contrición.
La rectificación no ha evitado, sin embargo, la apertura de un agitado debate público en Alemania sobre los jóvenes herederos multimillonarios, su conciencia, su papel en la sociedad y la responsabilidad a la que son llamados a menudo sin méritos propios o sin formación suficiente. Tratando de distanciarse de la «actitud Verena», otros herederos se han pronunciado en el polo opuesto, como es el caso de Paula Schwarz , de 28 años, heredera de Schwarz Pharma, hoy parte del consorcio belga UCB, que ha declarado que «a mí me parecería justo que mi herencia fuera fiscalizada al 100% ». «Es una injusticia que el 5% de la sociedad disponga de los mismos recursos que el restante 95% y que esa desigualdad sea cementada por las herencias».
Las fortunas y el nazismo
Christian Miele , de 32 años, nieto de Carl Miele , el fundador de la empresa de electrodomésticos valorada en 4.100 millones de euros, trabaja fuera de la empresa familiar como inversor en Start-ups y ha terciado en la polémica diciendo que «es importante que nosotros pensemos también en el resto de las personas», pero aclarando que no estaría de acuerdo con una intervención estatal en sus fortunas. «Eso es una tontería, una fantasía forzada que no lleva a ninguna parte», ha defendido. Y ha concluído: «Las empresas familiares siempre apuestan por la estabilidad y el largo plazo, la ética y el crecimiento son perfectamente compatibles».
En lo que respecta a la relación de las fortunas alemanas con el nazismo, el Centro de Documentación sobre el Trabajo Forzado, con sede en Berlín, ha subrayado que el debate ilustra una falta de comprensión acerca de la difícil situación de aquellos que trabajaron en contra de su voluntad bajo el régimen de Hitler que no es exclusiva de los ricos herederos. «Hay una generación que no se siente vinculada ya a esos hechos históricos», juzgan fuentes de la institución. « Recibir una herencia significa también recibir una responsabilidad y ser consciente de ello», contradice Bonita Grupp, de 29 años, y coheredera de Trigema, la gran productora textil alemana.
Los partidos políticos germanos no se han librado de la toma de postura. «Hay que reconocer que quien recibe una herencia toma a menudo con gusto los activos pero no la responsalidad», ha dicho Harald Christ , del Partido Socialdemócrata (SPD). «Las empresas familiares son la columna vertebral de nuestra economía», ha respondido el portavoz de Economía de la Unión Cristianodemócrata (CD), Peter Ramsauer . «No se orientan a las ganancias a corto plazo y piensan por ellos y por sus trabajadores durante generaciones», sentenció.
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