Sánchez emula a Pablo Iglesias y tacha al PP de «derecha extrema»
Asegura que PP y Vox son «dos fuerzas del todo semejantes» que «tienen más medios y ningún pudor para lanzar infundios y traficar con la mentira»
El presidente se conjura con los diputados y senadores y socialistas y asegura que tomó la decisión del adelanto con «mi conciencia»
Editorial: Sánchez ya es Podemos
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Alberto Núñez Feijóo es un líder similar a Donald Trump o Jair Bolsonaro, el Partido Popular (PP) una formación de «derecha extrema», las empresas de comunicación y los partidos de la derecha, en comandita, tienen asediado a un Ejecutivo que cuenta con menos medios que ellos y durante la campaña electoral de julio se pedirá la detención del presidente del Gobierno tras acusarle de dar un pucherazo.
No es el resumen del último podcast de Pablo Iglesias, ni del más encendido de los mítines de Irene Montero, sino la síntesis de la intervención que protagonizó este miércoles Pedro Sánchez en el solemne escenario del Congreso de los Diputados, ante todos los senadores y diputados del PSOE, entre ellos ministros como María Jesús Montero, Félix Bolaños, Pilar Alegría o Héctor Gómez.
En la mesa presidencial, además de la titular de Hacienda, estaba la presidenta del PSOE y exministra Cristina Narbona, el secretario de Organización, Santos Cerdán, y los portavoces del Senado y el Congreso, Eva Granados y Patxi López. Todos rompieron a aplaudir en varios momentos, a veces poniéndose de pie, y durante dos minutos ininterrumpidos cuando, pasadas las doce y media del mediodía, el jefe del Ejecutivo, vestido con traje azul claro y corbata de cuadros en tonos igualmente azules, culminó su arenga, animando a la victoria electoral el próximo 23 de julio.
Sánchez, alguien habitualmente frío e inmutable en público, se llevó la mano al corazón en señal de agradecimiento. El cierre de filas fue total y todos sus parlamentarios contribuyeron a ello, en un clima de alta intensidad emocional, fruto también de que era la despedida de fin de legislatura y quién sabe si algo más, pues muchos de quienes obtuvieron su acta de diputado en 2019 no tienen garantizado ahora volver a la Cámara Baja.
Se vieron rostros con lágrimas, como también la noche electoral el domingo en Ferraz, reflejo del delicado momento que vive una formación que acaba de encajar uno de los correctivos electorales más severos de su historia.
No hubo ninguna disonancia, ni siquiera de quienes podrían haber puesto, aun mínimamente, alguna pequeña nota discordante. La inmensa mayoría de dirigentes y parlamentarios aceleró el paso ante la nube de cámaras y micrófonos que aguardaba a la entrada de la sala Ernest Lluch, la más grande del Congreso. Solo dos diputados y exministros consintieron hablar, la exvicepresidenta Carmen Calvo y José Luis Ábalos, pero ambos lo hicieron a favor de obra.
Singularmente Calvo, la que más tiempo se detuvo con los periodistas, ante quienes señaló que «yo creo que el secretario general quiere que los españoles se pronuncien sobre los problemas reales», al tiempo que acusó a Feijóo de «antiguo y ridículo» por, a su juicio, haber establecido la disyuntiva entre «Sánchez o España». Tampoco se significó la expresidenta de Andalucía y hoy senadora, Susana Díaz, quien maleta en mano y sin perder la sonrisa se adentró al interior de la sala para escuchar al que fuera su encarnizado rival en las primarias de 2017.
«Mi conciencia»
En ese clima, Sánchez aseguró que la decisión del adelanto electoral la había tomado «con mi conciencia», justo después de remarcar cuánto le había dolido que «magníficos alcaldes y presidentes autonómicos socialistas, con una gestión intachable, se van a ver desplazados». Unas palabras que podrían parecer el preludio de una autocrítica más honda, pero que no pasaron de ahí.
Al contrario, su intervención fue una diatriba de autoafirmación y de ataque frontal al PP, al que se refirió siempre como la «derecha extrema», y a Vox, al que como siempre ha hecho denominó como la «extrema derecha». Aunque a diferencia de precampañas anteriores, en las que culpaba a los populares de estar supeditados a los de Santiago Abascal, en esta ocasión afirmó que los dos principales partidos de la oposición son «dos fuerzas políticas ya del todo semejantes, en la forma y en el fondo». Por eso, aleccionó a los suyos, la elección que hay que presentarle a los electores en los comicios del 23 de julio es que elijan entre una coalición de «ultraderecha» y una «fuerza socialdemócrata».
En varias ocasiones señaló el populismo de Donald Trump o de Jair Bolsonaro como los referentes de los partidos de la derecha. En esa línea afirmó que en las elecciones «hay que aclarar si quieren [los españoles] un presidente del lado de Biden [Joe] o de Trump, del lado de Lula da Silva [Luiz Inácio] o de Bolsonaro». Fue en ese momento cuando el secretario general del PSOE, cuyo partido recibió denuncias en la campaña electoral de haber comprado votos por correo en Mojácar (Almería), por lo que fue suspendido de militancia uno de los candidatos, auguró que «hablarán de pucherazo. Lo harán unos y otros, de que hay que detenerme como responsable de ese pucherazo. Ya lo han hecho y lo van a volver a hacer».
Dentro de esos negros augurios, no se olvidó de la presidencia de turno europea que España afronta dentro de un mes y durante la segunda mitad del año. «No estoy dispuesto que la derecha extrema y la extrema derecha conviertan la presidencia europea en un barrizal que arrastre una vez más la imagen de España ante Europa, y dañe los intereses de nuestro país», explicó Sánchez a sus diputados y senadores.
Y tampoco faltó, en la misma línea de Podemos, un ataque a los medios. «La derecha está envalentonada y tiene resortes poderosos, saben a quienes sirven, tienen más medios y ningún pudor para lanzar infundios y traficar con la mentira», señaló, aunque advirtió que «vale lo mismo el voto de un conductor de autobús que el del presidente de un canal de televisión».
«Desde la posición de dominio que tienen en las grandes empresas, en los grandes medios de comunicación, se va a desatar una campaña aún más feroz. Veremos en programas de máxima audiencia a gentes que sólo se representan a ellos mismos, pontificar e insultar sin derecho a la contestación ni a la réplica», remató el líder del PSOE sin dar nombres concretos, pero tampoco hizo falta.