La última imagen grabada de los dos primos de Vallecas es tocando unos contenedores en Toledo
Fernando y Ángel salen en una cámara en una calle de Toledo y, al doblar la esquina, ya no se les ve más

«Nosotros no cerramos ningún caso. Eso lo hace el juez. Un juzgado es quien mantiene vivo, o no, una investigación». Así detallan fuentes policiales el punto en el que se encuentra el asunto de los dos primos de Villa de Vallecas, Fernando y Ángel, ... que con 17 y 11 años perdieron la vida a finales de año de manera accidental en Toledo tras escaparse y resguardarse del frío de diciembre en uno o dos contenedores de basura de esa ciudad. La autopsia de ambos ha determinado que en la etiología de la muerte no se aprecian signos de violencia.
El caso, de cualquier modo y pese a lo que se ha publicado en otros medios, no está cerrado. Aún quedan diligencias por practicar, pese a que la Policía Nacional ya haya puesto en conocimiento del magistrado buena parte de las ya resueltas. Entre ellas, la reconstrucción de las alrededor de seis horas que los niños pasaron deambulando por la capital castellanomanchega.
La más importante, relevan fuentes de toda solvencia a ABC, es que, en el visionado de las cámaras de prácticamente todo Toledo («Nos hemos dejado las pestañas escudriñando cientos de horas de imágenes y hemos recorrido la ciudad entera», detallan), se aprecia en la cronología de este puzle de fotogramas lo siguiente: en torno a medianoche, tras dar varias vueltas, aunque no en un radio excesivamente amplio, se ve a Fernando y a Ángel por una calle en la que hay varios contenedores de basura.
En un momento dado, se paran, los «miran» y los «toquetean», los «manipulan», indican nuestros informadores. Esa es su última imagen con vida. Porque, al doblar la esquina, la siguiente cámara recoge la vía pública pero no a ellos, y debieron de pasar expresamente por ese encuadre si es que siguieron su marcha.
Muertes por asfixia
Todo esto apuntala la versión policial: que, debido al frío que hacía aquella noche de 10 de diciembre pasado y tras intentar sin éxito buscar hospedaje, a la desesperada, se metieron entre la basura y, de alguna manera, se asfixiaron de manera accidental. Cinco días después, un operario del vertedero toledano halló el cuerpo de Fernando en una cinta transportadora de residuos. El 11 de enero, tras casi un mes de búsqueda intensiva en ese Ecoparque, entre los restos precintados por orden judicial, la Policía comenzó a hallar partes del cadáver de Ángel. A ambos se les ha practicado la autopsia, que ha determinado la asfixia como causa más probable de los óbitos.
Eso sí, faltan aún los resultados del análisis toxicológico de los niños, para descartar cualquier tipo de ingesta de medicamentos u otras sustancias que le fueran administradas.
Otro elemento muy importante: la zona en que se encuentran esos contenedores no está ni mucho menos cerca del barrio de Santa Bárbara. Allí vivía con su familia, de okupas, la exnovia de Fernando, Lucía, a la que pretendían ver y por la que se habían escapado, como ya habían hecho en al menos tres ocasiones anteriores pocos meses antes. Los padres de los chavales se lo tenían terminantemente prohibido. Ella había rehecho su vida y él tenía una pareja nueva.
La familia insiste en el homicidio
En la comisaría de Villa de Vallecas y en la Brigada de Policía Judicial de Madrid tienen claro que, por inverosímil que parezca, ese fue el triste desenlace para los menores, que iban siempre juntos a todos lados. No lo piensa así la familia; tampoco su entorno y su abogado, Marcos García-Montes, que piden al juzgado que se abra una causa por doble homicidio y se investigue a la expareja y todo su círculo, por si presuntamente tuvieron algo que ver en las muertes. Han llegado a contratar a un criminólogo y a un detective privado, que ha sido guardia civil, y que abundan en esta tesis de la venganza por parte del entorno de la chica de Toledo. Estas personas, por cierto, llevan huidas de esa ciudad desde que ocurrieron los hechos, temerosos de sufrir represalias desde Villa de Vallecas.
Una de las diligencias que faltan por practicar es la toma de más declaraciones. Porque también quiere la Policía dejar claro quién o quiénes son los que participaron, en su juicio, en el montaje de unas supuestas grabaciones de terceros en las que se recogían testimonios incriminatorios hacia la madre, el padrastro y otros parientes y amigos de Lucía, la exnovia de Fernando.
Los padres de las criaturas aseguran que hay gente que sabe de buena tinta que los secuestraron y asesinaron, pero que a esas personas les da miedo a hablar, por lo que se ha pedido su conversión en testigos protegidos. Sin embargo, en todo el recorrido grabado por las cámaras, a los menores se les ve solos; sin hablar por el móvil; bajando del autobús desde Madrid; pasando por el centro comercial Luz del Tajo y, tras perder el viaje de vuelta, pasadas las 22.30 horas, acudir al hotel Hotel Zentral Mayoral. Allí pidieron una habitación, pero al ser menores se la denegaron, compraron una botella de agua y dieron vueltas en busca de cobijo en algún lado. Hasta que dieron con los contenedores.
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