Mercedes González
Mercedes González: un reconocimiento a una carrera de fondo tras ser apeada de la candidatura a la Alcaldía de Madrid por Pedro Sánchez
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Mercedes González, que iba a ser llamada a enfrentarse a Almeida en los comicios del 28-M, ha visto en los últimos meses sus posibilidades machacadas por el dedazo hacia Reyes Maroto.
Es, desde hace tres años, delegada del Gobierno, un cargo en el que ha destacado por su lucha contra las bandas latinas y donde ha creado vínculos con los mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil
Mercedes González, la delegada de hierro y némesis de Ayuso
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Mercedes González (Madrid, 48 años) iba para periodista (la carrera que estudió y donde conoció a uno de sus mentores políticos, el economista Antonio Miguel Carmona) y acabó como uno de los pocos arietes contra Manuela Carmena desde la bancada de la oposición socialista ( ... la misma que apoyó la investidura de la exjuez) entre 2015 y 2019. Fue coportavoz del grupo municipal tras el breve paso de su exprofesor por el pleno del Palacio de Cibeles. Y era de las que no se mordía la lengua, a diestra pero también a su siniestra. Es de las de pico y pala, no como el candidato de 2019, Pepu Hernández, que pasó sin pena ni gloria y se tenía que apoyar en ella y en otras fuerzas más jóvenes, como las de Mar Espinar, para sacar adelante a un grupo municipal en horas bajísimas.
Su llegada a la Delegación del Gobierno en Madrid fue objeto de exégesis: su paso previo a la candidatura a la Alcaldía de la capital, en las próximas elecciones del 28 de mayo. Es más, llegó a postularse y convertirse en la jefa del partido en la ciudad. Sin embargo, su falta de conocimiento por parte del común de los ciudadanos llevaron a Pedro Sánchez a dar un cambio de timón repentino: la defenestró de esa opción y colocó en el tique electoral a Reyes Maroto, que es, lo que son las cosas, de las más desconocidas de su consejo de ministros.
A González, que no iba ni siquiera ya en las listas del PSOE a Cibeles ni tampoco, como ocurrió con la otra postulante, Mar Espinar, que lo hará en las autonómicas (a pesar de ella misma), se la veía más de diputada nacional tras los comicios de finales de este año.
Se lo debían: su gestión en la Delegación del Gobierno tiene bastantes más haberes que deudas, sobre todo tras la puesta en marcha (un empeño personal de esta política que llegó a las instituciones de la mano del otrora 'sanchista' Rafael Simancas) del ambicioso plan contra bandas juveniles. En poco más de un año, los integrantes de estas organizaciones criminales han mermado su número, pasando de 800 a 500, en la Comunidad de Madrid. O eso es lo que dicen los datos oficiales.
Las cifras de seguridad en la segunda ciudad de la Unión Europea, sólo por detrás de Berlín, son también excelentes, como señala periódicamente Eurostat, donde apenas Viena y, alguna vez Lisboa, capitales mucho menos complejas, superan a Madrid en términos globales.
González ha compatibilizado los despachos con patearse la calle: es decir, que ha tejido relaciones con los responsables madrileños de Guardia Civil y Policía Nacional, pero también con las asociaciones de vecinos y de sectores como la lucha contra la trata o el acoso escolar. Son periódicas sus visitas a centros escolares y a las juntas locales de seguridad de los municipios de la región. Ahora, eso sí, se la veía acompañada casi siempre de, las vueltas que da la vida, la misma Maroto que la dejó sin chance para enfrentarse a Almeida.
Chanchullos, nepotismo y puticlubes
Ocho meses son los que tiene por delante al frente de una Guardia Civil que anda entre escándalo y escándalo por las concesiones de construcción de cuarteles, Tito Berni mediante; además de por el escándalo de los supuestos tejemanejes del marido de la directora general saliente, María Gámez (que, no olvidemos, venía de una subdelegación de Gobierno, la de Málaga), y del más reciente del puesto de Ocaña (Toledo), cuyo responsable está presuntamente involucrado en una red de drogas y con 'madames' de puticlubes de carretera de por medio.
Decimos que son sólo ocho meses, al arbitrio de lo que salga de las urnas (Sánchez no lo tiene nada fácil, según las encuestas) y también, en caso de que el PSOE siga ostentando la cartera de Interior, de un posible relevo de la directora entrante.
¿Un caramelo envenenado en tiempos convulsos que no se recuerdan en la Benemérita desde la bomba de racimo que supuso Luis Roldán? ¿Un cargo casi interino que puede desembocar en un escaño en el Congreso, en el Senado o incluso en la dirección de un ministerio a partir de diciembre? Esto último es lo más probable. Al fin y al cabo, a Mercedes González se lo debían.
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