COLONOS
Sergio Pazos: «Una vez que tienes tu grupito, esto es un pueblo»
El polifacético actor desvela su querencia por el Madrid más puro, que devora en zapatillas o en bicicleta
Sergio Pazos es un animal de centro . Llegó y ya no se movió de un piso en el meollo de La Latina y las Cavas, cuya renta paga religiosamente. El actor es un enamorado, por lo alto, de los atardeceres de Madrid, que ... son mejores que los de Ibiza. Y por lo bajo, del olor de las tascas a algo que se está cocinando, que no es sino la vida. Le mueven las causas sociales, y por bonhomía hace el Camino de Santiago desde la capital en la Pilgrim Race . Es Pazos, también, nacionalista de lo cercano, incluso de la carne vernácula de cada provincia. Por eso defiende el folclore de Madrid; ése que muchos niegan. Llegó a Madrid con las Mama Chicho, lo que un castizo diría que es caer de pie en los Madriles. Le enferman las altas torres y lo que representan, pues lo suyo es el callejeo del Madrid de siempre, que es un pueblo.
¿Cuándo pisó estas calles por primera vez?
Tenía un tío aquí que hizo la presa de El Atazar y vivía en la calle Brescia. Venirse a Madrid de niño era un espectáculo. Llegábamos en un seiscientos desde Orense toda mi familia. En verano nos llevaban a los alrededores del embalse, que eran esos complejos con piscinas, duchas... Me acuerdo de ese Madrid. Entrabas en El Corte Inglés y flipabas. Nos escapábamos a conciertos. Cuando empecé a hacer cosas de teatro íbamos a hacer cursos de John Strasberg, el hijo de Lee Strasberg. Veníamos en el coche de mi padre, tenía en torno a 20 años, era entre 1985 y 1986. Veías a Tino Casal, la peña moderna, charol, plataformas...

Esas primeras sensaciones madrileñas...
En Orense no había nada, luego vino la cultura de los pubs. Junto con la aparición de las televisiones autonómicas empecé a trabajar en la tele. En el Centro Dramático. Empecé a hacer los clásicos en gallego. En Madrid ya trabajé con las Mama Chicho y sabía que eso, de mayor, lo tenía que contar. Luego volví a Galicia y en 1996 me llamaron para hacer una prueba para el Caiga quien Caiga.
¿Cómo era ese Madrid y cómo ha evolucionado?
Era un Madrid maravilloso. Podías salir un lunes y encontrarte un ambiente de un viernes o un sábado. Al principio venía cuatro días a Madrid, me quedaba en una pensión y luego volvía. Cuando hice un reportaje, fui con Wyoming al estreno de las Hermanas Sisters. Me dijo que una rubia me estaba mirando y me comentó que unas amigas buscaban a alguien para su piso y aún sigo allí. Y aquí sigo, en el centro, delante del Rastro, con terraza, siempre compartido. Ha sido mi casa la casa de los gallegos. Madrid cuando llegas y no tienes a nadie es muy asfixiante.
¿Por qué es asfixiante?
Si no tienes a nadie Madrid se te hace muy grande. Tener un pequeño grupo te arropa mucho. Por eso me encargaba de presentar a quien venía nuevo, decirle cuáles eran mis bares... Una vez que tienes tu grupito esto es un pueblo.
Hábleme de la famosa marcha.
Yo iba mucho por la plaza de Santa Ana. De hecho, P ablo Carbonell me dijo que sabía la zona de las mejores cervezas de Madrid, que es Santa Ana. Por allí también la calle Echegaray, donde estaba La Boca del Lobo y que era la segunda casa del 'Caiga'. Cuando acabábamos, íbamos allí hasta que nos echaban. Soy muy vago, no tengo coche, tengo una moto en Orense. En Madrid me muevo en bicicleta.
¿Qué es lo que más le gusta y menos de por aquí?
Lo que menos la dureza del principio. Y quizás ese Madrid empresarial de quienes se levantan pronto a trabajar, coger el cercanías, hacer transbordo... Ese Madrid es duro. Mucha gente no puede ir al cine, ni al teatro. Ese Madrid es agresivo. El que yo tengo la suerte de disfrutar es el de los amigos, el que se disfruta. Eso es lo más maravilloso de Madrid. Yo flipo con Madrid. Madrid es terraceo, tomar vinos en las Cavas, bocadillos en la Plaza Mayor. Además, es muy cosmopolita. Madrid era igual que Nueva York o Londres. Desde 2008, es cierto, ha sido un palo para todo, pero Madrid es muy colorido. Pongo de ejemplo el colegio de San Isidro y ves a los niños de todos los colores, y se llevan muy bien. Madrid tiene lo bueno y lo malo de una gran ciudad.
Dígame un color y un olor de la capital.
El color: los cielos velazquianos (sic), ese morado azul, rojo que tiene la puesta de sol de Madrid. Te das cuenta que es una tonalidad que es cierto que los cielos de Madrid no le envidian a los cielos de Ibiza ni de ningún otro sitio. Tiene un azul puro. También ese rojo intenso del atardecer. En cuanto al olor te diría el del tapeo de bar, de calamares, que están saliendo las tapitas. Y el perfume del pulmón de la Casa de Campo.
¿Tiene Madrid identidad?
Parece que el folclore está sólo en provincias pero en Madrid también hay. Soy un nacionalista cultural. Hay que defenderla (la identidad madrileña).
¿Un tópico 'madriles' que sea falso?
El antimadrileñismo, que es una derivación de los políticos, que siempre aprietan las tuercas entre ellos. Probablemente, sea más ese rollo político. Es más un juego de los políticos que otra cosa. Siempre me he sentido genial en Madrid, sigo siendo muy gallego pero me siento madrileño también. Lo bonito que tiene Madrid es que, los que podemos disfrutarla, tenemos una ciudad maravillosa.
¿En Madrid hasta el final de los tiempos?
Aunque acabe en Orense siempre volveré a Madrid. A Madrid hay que volver.
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