Obituario
José Mª Lorente Toribio: trabajador incansable, leal y cabal
El periodista falleció en Madrid la madrugada del 4 al 5 de mayo, a los 95 años. Decano de la prensa deportiva, fue secretario general de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) durante casi 15 años.ta incansable, leal y cabal.
Fernando González Urbaneja ha escrito con acierto que si tuviéramos que añadir apellidos a José María Lorente, los más adecuados serían el de «periodista deportivo» total y el de generoso «militante de la Asociación de la Prensa». Tiene razón.
Tuve la fortuna de formar parte de la primera junta directiva que presidió Jesús de la Serna (1992), de la que José María Lorente fue secretario general y yo, vocal de brega. En la denominada de la reconstrucción, José María trabajó a destajo, siendo el primero en llegar y el último en irse del palacete de Juan Bravo que consiguió Luis María Anson por el debe del patrimonio sindical al que teníamos derecho los periodistas de Madrid tras perder el Palacio de la Prensa para saldar la deuda de la Ciudad de los Periodistas. Hombre cabal, elegante, de traje, corbata y raya en el pantalón; exigente con las cuentas y defensor a ultranza de los empleados de la APM, José María tuvo acendrado espíritu de servicio y firme compromiso con los compañeros, a los que recibía, escuchaba y resolvía sus problemas con discreción y eficacia.
Continuamos en las siguientes directivas presididas por Jesús de la Serna (1993-1995, 1995-1999), Alejandro Fernández Pombo (1999-2003) y Fernando González Urbaneja (2003-2007, 2007-2009, 2009-2011), y José María, desde la Secretaría General, la Vicepresidencia segunda o la vicepresidencia primera y para Asuntos Sanitarios y Asistenciales, siguió resolviendo entuertos, obteniendo ingresos, recabando respeto para la APM y gestionando con rigor y sentido común lo que era patrimonio de los compañeros y herencia milenaria. Genio y figura, apasionado del asociacionismo y caminante impenitente desde su casa de Bravo Murillo hasta Juan Bravo. Acumuló premios y recompensas por su trabajo profesional desde que el olor de la tinta en la calle Larra, donde su padre trabajó en las imprentas que fueron de ‘El Sol’, ‘Arriba’ y ‘Marca’, despertaron en él el amor y la entrega incondicional a la profesión, que ejerció desde los 20 años en su vertiente deportiva con maestría pregonada por sus compañeros, esos que en tiempos recientes todavía no se pisaban la manguera.
A José María le empezó a matar el confinamiento en casa por el Covid-19 y las medidas decretadas. No pudo salir y dejó de comer con su cuadrilla los semanales cocido y callos, sus dos pasiones culinarias. Fue el principio del fin. Cuando pudo bajar a la calle tuvo un trompicón y se lesionó. Volver a sus rutinas suponía hacerlo con andador o en silla de ruedas, y eso era demasiado para su dignidad, que mantuvo incólume. ¿Qué diría el portero?, ¿qué los amigos y conocidos? «No, eso no lo hago». Y no lo hizo. Después de conocer el último milagro del Real Madrid, eliminando al City en el Bernabéu y escribir mentalmente la crónica, decidió reunirse con su querida María Jesús Ozcáriz, su fiel y distinguida esposa y compañera que un año antes le había ido a reservar sitio preferente junto al Creador. Era el alba de un día de hermosa primavera en el que la naturaleza estalló en mil formas y colores.
Jorge del Corral y Díez del Corral es periodista y miembro de la APM