Entrevista
El abogado de Porto: «La última vez que hablé con ella me dijo que estaba harta»
Aranguren carga contra la familia de la madre de Asunta: «Ahora están a ver si hay botín»

Unos días antes de quitarse la vida, Rosario Porto se arregló el pelo e intentó conseguir unas cremas faciales . Estaba de buen humor y parecía adaptada a la vida intramuros en Brieva, la prisión a la que fue trasladada el pasado marzo. Pero este ... aparente bienestar no era más que un pico en la montaña emocional por la que la abogada llevaba años transitando . José Luis Gutiérrez Aranguren, su letrado y quizás la persona que más tiempo compartió con ella desde su detención en 2013, conocía bien estos vaivenes. « No me sorprendió la noticia de su suicidio porque estaba sobrepasada por la situación. Su vida era difícil de vivir y su estado dependía de la medicación que se tomaba, que la llevaba de la euforia a la depresión». Cuando «una televisión» le soltó la noticia de su muerte «a bocajarro», hacía dos meses que el abogado no sabía nada de ella . «No me llamaba desde el verano, pero lo interpreté como una fase de bajón», reconoce Aranguren en una conversación con ABC. En esa última charla, Porto le confesó que estaba «harta».
Con la incógnita sobre cuál pudo ser la gota que colmó el vaso después de dos intentos de suicidio previos , el abogado descarta que la decisión de Porto la desencadenase una información del exterior. « No fue ninguna resolución del exterior, ni ninguna noticia y las negativas de los permisos penitenciarios que solicitábamos no le afectaron porque ella no quería permisos. Era yo el que le insistía en que los pidiera porque si la vida era dura, más dura lo es en una cárcel que fuera... Ella siempre proclamó su inocencia y eso le trajo muchos reveses, entre ellos dos desplazamientos de prisión, llámense castigos de aislamiento de las pocas personas que le estábamos prestando ayuda y que nos dificultaba mucho la situación». Estas dos personas eran el psiquiatra y la psicóloga de Rosario, con los que perdió el contacto desde que ingresó en Brieva, dos días antes de la declaración del estado de alarma. «Se la alejó de su psiquiatra y de su psicólogo y eso fue la puntilla» lamenta Aranguren sobre los últimos meses de una reclusa que nunca recibió visitas , ni siquiera durante los siete años que cumplió condena en penales gallegos.
Y es llegados a este momento de la conversación, cuando el penalista hace una confesión. Lejos de guardar las apariencias, avanza que va a ser «todo lo duro que pueda» acerca de las informaciones que apuntan a que la familia de Rosario reclamará su cuerpo y se hará cargo de su funeral, en un intento por demostrar que no estaba sola. «Cuando Rosario me encarga su defensa me pide encarecidamente que hable con una serie de personas que no voy a mencionar. Eran las más próximas a ella. No solo me cerraron la puerta, sino que me dieron un recado para Rosario: que se olvidara de ellas . Y ahora están preocupadas», les afea el penalista, que solo encuentra una explicación para este cambio de postura. «La explicación es A, lavar una imagen muy manchada porque yo a un ser querido no lo dejo en la estacada aunque hubiera hecho la mayor barbaridad del mundo, porque entendería que algo tremendo tuvo que pasar para llegar a esa extremo; y B, ver qué aparece, a ver si hay botín. Pero la triste verdad es que estaba sola ».
Ante la inevitable pregunta de a manos de quién irá a parar la herencia de varios millones que, se estima, puede dejar Rosario, el letrado también es tajante. « Sé que quería hacer testamento , me dijo que quería ordenar sus cosas, pero no sé si llegó a hacerlo. Mi deseo íntimo es que lo haya dejado hecho para los que ahora se suben al carro de los afectados se lleven un pequeño disgusto», afirma Aranguren. En caso de que este documento no existiese, la herencia de la abogada compostelana sería para la familia más próxima, en su caso, sus primos y tíos. Por el momento, la premura pasa por iniciar los trámites para que « el cuerpo de Rosario no esté a perpetuidad abandonado y para eso hay que tomar decisiones» explica Aranguren sobre el último favor que le debe a su defendida. «Mi preocupación es que si en el testamento da algún tipo de indicación sobre lo que se quiera hacer con sus restos, a mí me gustaría cumplirlo. Sería lo último que podría hacer por ella».
No habrá confesión
A espera de los resultados del análisis forense y de que la investigación abierta por Instituciones Penitenciarias concluya, la atención se dirige ahora a las posibles anotaciones que Rosario habría dejado en su celda . Puede que una suerte de despedida en la que, se ha llegado a especular, pudiera estar la clave de lo que pasó. «Conocí a Rosario muy profundamente porque las horas que estuvimos juntos solo las sabemos ella y yo. Yo sé que ella, por su forma de ser y porque lo hacía siempre con cuestiones de menor importancia, lo escribía todo. Por lo tanto, interpreto que algo tuvo que escribir. Lo qué, no lo sé . Cada vez que iba a prisión me venía con un montón de hojas, además de las cartas que me enviaba que eran de folios y folios. Era una forma de escape que ella tenía, escribir lo que se le pasaba. Yo no sé si esas notas existen y si hay alguna que tuvo relación con qué es lo último que le llevó a hacer lo que hizo. Se está especulando con la idea de que haya podido limpiar conciencia para confesar su crimen. Pero le puedo garantizar que si existe algún documento no va a ir en ese sentido, porque jamás lo reconoció y padeció las consecuencias muy severamente ».
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete